Por Rubén Darío Rodríguez García
El escenario genera rabia e impotencia. Los esfuerzos que se han adelantado por mantener atractivas las playas para el disfrute de todos, en un abrir y cerrar de ojos se iban al traste este fin de semana luego que un grupo de personas llegó en buses de poblaciones y ciudades cercanas a destruir lo que se ha venido haciendo con dedicación y esmero para embellecer el sector Mar Azul, en La Boquilla.
Cargados con viandas, ollas y motetes, estos visitantes, que no son deseados ni esperados, llegan con el anhelo de pasar un día diferente en playas ajenas. E incluso no falta aquella madre que con todo el amor y el cariño le cambia los pañales desechables a su cría en la zona y, sin miramiento alguno, dejan el grato recuerdo del pequeño en aquel lugar. Me atrevo a decir, sin lugar a dudas, que de allí proviene ese apelativo con el que se les conoce. Muy merecido por cierto.
Recordemos que la misma situación se vivió en Playa Blanca donde los nativos cansados de ver esto decidieron elevar su voz de protesta y no dejar ingresar buses con placas que ya estaban identificadas. Es increíble que para pocos medios locales y cartageneros (portales y medios digitales en general) esto no sea una noticia para tener en cuenta. Es necesario que situaciones como estas se resalten en beneficio de la ciudad y que las autoridades le pongan mano dura a quienes vienen a atentar contra el embellecimiento de las playas.
Eso si, me llama poderosamente la atención, que ese mismo trato no lo reciben las playas de sus ciudades de origen a las que mantienen muy bien para recibir a los turistas que los visitan. Entre tanto, desde muy temprano se alistan en sus buses con la ruta definida y se vienen con todo a dejar el grato recuerdo de que estuvieron de paseo por aquí.
Veíamos recientemente a la gente de Bicentenario oponiéndose a la reubicación de los habitantes de Chambacú en esta zona y tuvieron el descaro de protestar y de exigirle al alcalde hasta pagos atrasados de sus cuotas para dejarlos ingresar. Sin embargo, no se evidenció que la gente de la explanada cercana al Centro hubiera echo algo para merecer tal desprecio.
Hoy cuando se observa este tipo de comportamientos por parte de unos ciudadanos venidos de tan lejos a ensuciar las playas ajenas, los boquilleros, en ese justo momento, han debido de protestar, de echarlos y declararlos personas no gratas.
El llamado de atención es también para las autoridades a fin de que estas personas si vienen en estos planes, no sean bienvenidas y que se extiendan sus controles a estas playas que están un tanto distantes. Este es el turismo y la clase de visitantes que no queremos ver en la ciudad. Esto no suma y preocupa que la ciudad se nos llene de esta clase de turismo que no deja ningún dividendo favorable para el lugar que visitan. Es hora de parárseles firme y que se vayan con su basura para otra parte.

