Por Luis Adolfo Payares Altamiranda
Hoy, en el día que habría sido su cumpleaños, recordamos con profunda nostalgia y cariño a Marina Barrios Carrasquilla, conocida por muchos como la «Vieja Mara». Su nombre evoca recuerdos imborrables de una mujer que dedicó su vida a engrandecer la cultura y el patrimonio de nuestra querida Cartagena.
No hay duda de que, si estuviera entre nosotros, hoy estaría en su elemento: quizás planeando asistir a la guacherna, intercambiando ideas sobre las Fiestas de la Popa, o, como era tan propio de ella, involucrada hasta el último detalle en la organización del Festival del Frito desde el IPCC. Su pasión y entrega eran como las de una hormiga incansable, siempre trabajando con amor por su ciudad y su gente.
La Vieja Mara no solo fue una defensora del patrimonio cultural; también era una mujer de corazón generoso. Su compromiso con los demás iba más allá de lo esperado. No dudaba en «pelar la cara», como decimos en nuestra tierra, enfrentándose a quien fuera necesario para ayudar a alguien a conseguir trabajo o superar una dificultad. Muchas veces, incluso, extendía su ayuda desde su propio bolsillo, porque así era ella: siempre pensando en los demás antes que en sí misma.
Aunque hoy, lamentablemente, algunos de aquellos a quienes ayudó la tienen en el umbral del olvido, los que la quisimos con el corazón no podemos ni queremos olvidarla. Cada día que pasa sentimos su ausencia, pero también su presencia eterna en los recuerdos y en el impacto que dejó en nuestras vidas.
Marina Barrios Carrasquilla fue más que una mujer; fue un símbolo de lo mejor de Cartagena: generosidad, cultura, pasión y amor por su tierra. Quienes la conocimos sabemos cuánto falta hace su energía, su risa, su ímpetu y, sobre todo, su capacidad para convertir cada proyecto en una obra maestra de compromiso y amor.
Hoy, imaginamos a la Vieja Mara celebrando las Fiestas de la Popa en el cielo, rodeada de música, bailes y alegría. Desde aquí, le enviamos un abrazo eterno, con la certeza de que su legado seguirá vivo en quienes tuvimos el privilegio de compartir con ella.
Gracias, Marina, por todo lo que diste. Nos sigues haciendo falta, pero te llevamos en el corazón. Este humilde recuerdo es solo una muestra de lo que significaste y significas para quienes te queremos más allá del tiempo.

