Por Danilo Contreras Guzmán

Culminan las fiestas del 11 de noviembre que he seguido con la nostalgia de la ausencia, pero en la esperanza de que el mayor número de mis paisanos hayan disfrutado sanamente regocijándose por nuestra identidad Caribe.

Regresan pues algunos temas áridos de la agenda, pero que comprometen el futuro de la patria chica. Me referiré a un par de tópicos que entiendo de importancia estratégica: El primero, puntual, alude a la reforma institucional, varias veces postergada y, de otro lado, en sentido más general, haré unas observaciones respetuosas sobre la visión del desarrollo en la ciudad.

Parto de una aparente obviedad: La ciudad eligió un proyecto político que tiene derecho a gobernar. Sin embargo, la idea de una democracia moderna NO corresponde a la dictadura de las mayorías, pues a pesar del triunfo de estas, las minorías tienen el derecho inalienable a participar de la construcción del futuro común, que es la única manera en que el bienestar se irradia a toda la ciudadanía, sin la exclusión que ha sido causa de muchos males.

El alcalde Turbay ha dicho siempre que gobierna “con el oído” y justamente será preciso ese atributo para que ciertas voces puedan ser consideradas con miras a enriquecer algunas iniciativas.

En cuanto a la reestructuración en curso hay que considerar que la institucionalidad que surja, será, o por lo menos debe ser, instrumento esencial para solucionar los grandes retos que afronta Cartagena, los cuales podría resumir en i. Adaptación al cambio climático y, ii. Superación de la pobreza y la exclusión; y esto sobre la base de un giro cultural que nos permita entender que el bienestar general y en consecuencia la solidaridad, esta por encima de beneficio particular o de grupúsculos.

En ese hilo de argumentos, parece un error que la reforma se diseñe a retazos como está sucediendo, considerando que se aprobó la creación del Instituto Comunal y la secretaria de Turismo, de manera aislada y desarticulada con lo que ahora propondrá el ejecutivo.

Función Pública tiene muchísimos manuales que indican que toda reestructuración debe partir de la visión integral de lo que llaman “macroprocesos” que atiende la administración para la satisfacción de las necesidades colectivas. Si no es así, la reforma corre graves riesgos de generar burocracia ineficiente y proclive al clientelismo y otros fenómenos indeseables.

A lo anterior se suma que la denunciada ausencia de visión integral de la reforma ha llevado al gobierno a presentar, por aparte, una iniciativa que reestructura el sector descentralizado con la creación de una nueva entidad que se ha denominado ELOP, sin el contexto de lo que pasará respecto a las entidades descentralizadas existentes como Edurbe, que en teoría tiene algunas de las funciones que se asignarían a la ELOP.

Lo otro es la necesidad imperiosa de que una reforma en serio considere de una vez por todas la división político – administrativa del Distrito para hacerla más racional y consecuente con los matices e identidades que distinguen el territorio y sus necesidades de gobierno. No es lo mismo gobernar el centro histórico y la zona turística, que hacerlo en la zona suroriental o suroccidental de la ciudad. Es más, la discusión sobre la puesta en marcha del área metropolitana NO puede quedar por fuera del debate, considerando la incidencia que en el desarrollo local tienen los municipios aledaños, verbigracia, en la solución del manejo de cuencas que desembocan en la Ciénega de la Virgen, entre otros asuntos como el transporte.      

Entonces, una reforma a retazos no es buena, pues seguramente redundará en vacíos e ineficiencias por la ausencia de una visión general de la organización del gobierno.

También considero que falta innovar, pues sectores que pueden contribuir muchísimo al progreso de Cartagena, están por fuera de la visión de la reestructuración y del desarrollo. Por ejemplo, que bueno seria que asuntos como la transición energética y el abastecimiento alimentario tenga espacio en un rediseño institucional. La EPM en Medellín, por ejemplo, es hoy una multinacional en materia de generación de energías y nuevas tecnologías, en un mundo en el que la transición energética cobra cada vez más importancia.

La observación final que me asalta es la reforma a punta de facultades entregadas por el Concejo al Alcalde, que a no dudarlo corresponde a una visión pragmática del gobierno para evadir algunas discusiones que a veces resultan ser desgastantes en varios sentidos. Contrario a eso, creo que la reforma debe debatirse y aprobarse en el que en teoría es el escenario de la deliberación democrática, esto es, el Concejo Distrital, y creo además que los concejales deben tener la personalidad política suficiente para reclamar esa facultad que la Constitución les asigna, no solo para ellos sino para que la sociedad civil se exprese con amplitud.

De otra arista, en cuanto a la visión del desarrollo urbano, el alcalde Turbay que conoce como pocos el ejercicio del gobierno, sabe y predica que “el arte de gobernar es el arte de priorizar”. Con fundamento en esa loable premisa, me llena de incertidumbre que en los primeros renglones de la agenda estén unos proyectos en vez de otros que podrían cumplir con el ideal de la actual administración de construir una “super ciudad”, pero con mayores réditos en redistribución de riqueza e igualdad.

En este punto muchos conciudadanos ponen en balanza el anunciado “Malecón del Mar” mientras que en un contexto de cambio climático que los heraldos de la naturaleza nos anuncian implacables, el proyecto Plan Maestro de Drenajes Pluviales parece huérfano en el gobierno.

No pongo en duda la importancia de la obra “Malecón del Mar”, pero el asunto, de nuevo, es referido al “arte de priorizar” cuando los recursos son finitos. A mi modo de ver el Malecón no puede ser solo una obra de belleza estética, sino una infraestructura que, se insiste, visione de manera integral la defensa de la ciudad frente a amenazas inminentes de los elementos naturales, de modo que su ingeniería debe estar complementada por otras obras de adaptación que no aparecen en el panorama comunicacional.

En contraste, el Plan Maestro de Drenajes Pluviales bien podría ser un macroproyecto que genere todo un proceso de regeneración urbanística, no solo en el norte próspero de la ciudad, sino en toda su geografía, en la medida que contemple la creación de grandes espacios públicos, zonas verdes, servicios públicos y valorización inmobiliaria para nuestros conciudadanos que hoy viven en la miseria de las cloacas que son nuestros canales de drenajes de aguas lluvias, al tiempo que se trata de una obra clave de adaptación al clima.

Un esfuerzo titánico, pero no tengo dudas que el Alcalde podrá liderar si “gobierna con el oído”.  

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