Por Danilo Contreras
Días oscuros se ciernen sobre la ciudad amurallada, la de nuestros amores y nostalgias; no solo por los embates del clima que causan estragos por doquier, sino por el manto de sombras que tiende una criminalidad desenfrenada que se ensañó con la vida de un ángel que salía de su escuela, inocente, sonriente: Alejandra, que ya está en el cielo.
Entre tanto, resulta patética la desorientación y torpeza de una administración que no atina a ofrecer soluciones a nuestros grandes males, mientras un buen sector de la dirigencia se debate a dentelladas pensando en el poder que entrará en juego en las elecciones regionales del año que se avecina, en las cuales los clanes tradicionales que han construido la génesis de la crisis actual, agudizada por cuenta de un burgomaestre que se auto concibe “salvador” sin serlo, pretende volver por sus fueros para hacer del patrimonio público un mero botín de la codicia.
Con estas preocupantes reflexiones despertamos a este domingo lluvioso y al revisar temprano la prensa encontramos que el editorial de El Universal, bajo el título “Estado inane”, reclama que “Ya el Estado ni siquiera es capaz de terminar una obra que tiene presupuesto y caja asignados. El de protección costera es la más reciente prueba del desastre en que se convierte todo lo que éste toca”.
En la misma línea una nota periodística aparecida en el portal de Caracol Radio el primero de noviembre de los corrientes, que señala: “El consorcio Proplaya hizo una solicitud de adición de recursos por $20 mil millones avalada por la misma interventoría”, Pese a ello, el encargado de las obras restó importancia al hecho manifestando textualmente: “Esto es normal, los estudios se hicieron en 2017, el mar es dinámico o seguramente alguien olvido una que otra cantidad y a veces hay diferencias”.
Sin embargo, estos nubarrones no tienen causas naturales como los que azotan por estos días a nuestra querida Cartagena. Por el contrario, son nubes tormentosas creadas artificialmente por intereses concretos que parecen amangualados para seguir devastando la ciudad, quizás hasta hacerla desaparecer, tal y como la hemos conocido.
Me explico: Hemos denunciado, al igual que otros columnistas y medios virtuales como “La Contratopedia del Caribe”, las irregularidades graves en que se incurre al implementar el proyecto de protección costera, no solo por la manera como se contrató, sino por las falencias de orden técnico y por la ausencia de autorizaciones imperativas que deben emanar del Ministerio de Cultura de Colombia y que a la fecha NO existen, cuya finalidad es garantizar la protección del Patrimonio Monumental del Centro Amurallado de Cartagena.
Han caído rayos y centellas sobre quienes cometen la temeridad de “oponerse al progreso” al criticar distintos aspectos de Proyecto de Protección Costera. Ahora aparece la falencia presupuestal y se muestra como incapacidad del Estado para “terminar una obra que tiene presupuesto y caja asignados”, o de forma más juguetona por parte del contratista, se señala que “Esto es normal, los estudios se hicieron en 2017, el mar es dinámico o seguramente alguien olvido una que otra cantidad y a veces hay diferencias”.
La causa es otra, como procedemos a argumentar: En el año 2020, mediante oficio PRSCI No 20-0729 de 15 de septiembre, la sociedad de ingenieros de Colombia y la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos de Bolívar, oficiaron al alcalde William Dau Chamat a fin de informarle textualmente lo siguiente: “- La Universidad de Cartagena recomendó la alternativa 1 con un costo de $191.808 millones, que según el estudio es la que da mayor estabilidad y menor mantenimiento. Sin embargo, luego reducen las dimensiones de las estructuras de dicha alternativa para poderse ajustar al presupuesto existente de $160.000 millones. No hubo un criterio técnico que justifique dicho cambio”.
Lo que un ciudadano común y silvestre como el autor de estas líneas deduce, es que acomodaron los estudios y diseños para contratar a como diera lugar las multimillonarias obras de protección costera que se anuncian como el progreso que necesita la ciudad, mientras que otros, incluyéndome, entienden que las cosas no marchan bien.
Los retos que el cambio climático le impone a Cartagena de Indias son monumentales como su patrimonio, y justo por la envergadura del desafío es que se necesita una dirigencia política, académica, social y económica rigurosa que tenga claridad sobre lo que hay que hacer.

