La sicología forense y la siquiatría definen varias conductas sobre los comportamientos de los criminales y los que fraguan este tipo de complots, parecidos a una historia de Netflix.


Dentro de este marco la escala de la maldad fue creada minuciosamente atendiendo a muchos tipos de factores: ambientales, neurológicos y genéticos. El objetivo era desglosar cada caso en unidades pequeñas, como si de moléculas se tratase, para así tener la mayor precisión posible y determinar la razón por la que una persona puede llegar a cometer algo tan atroz como un asesinato, un complot criminal sin dejar huella o cualquier acto que pretende dañar a otra persona, sin ningún tipo de escrúpulos.

En la escala de la maldad se plantean preguntas que ayudan al profesional a conocer las particularidades de cada caso. Por ejemplo, exploran si el sujeto tuvo una infancia traumática, sus motivaciones para cometer asesinatos, por qué tienen preferencias por unas víctimas u otras… Un punto clave en esta escala de maldad es, valga la redundancia, la maldad y el sadismo, su comportamiento sexual, propiamente dicho plasmado en el crimen, es decir, la meditación de éste, el método que utilizó. Por tanto, se utilizan juicios de valor, de moralidad, de ética y otros para clasificar a los sujetos en un punto en concreto dentro de esta escala.

En este contexto consultamos a un Sicólogo forense que nos manifestó que este tipo de Asociaciones para delinquir, como lo llama la ley penal en Colombia, están asociados a una planificación rigurosa, con alto grado de análisis y de predeterminación del hecho en sí. Este tipo de actos como el que se plantea, de conseguir una droga y de introducirla en una camioneta, para tratar de hacer daño, y de sacar del paso a otra persona, sin matarla físicamente, si no de dañar su bien nombre, son obras de mentes criminales evolucionadas, que no tienen un solo grado de ética y de moral. Generalmente este tipo de acontecimientos, como es el que nos ocupa, están descritos dentro de la Psiquiatría Forense y la Sicología con un alto grado de misoginia y de narcisismo, los individuos que lo hacen, primero se les nota un alto grado de odio hacía la mujer, y su tendencia sexual puede indicar este comportamiento, quizás pueden ser homosexuales, o violadores en potencia, que en su infancia fueron violados, maltratados físicamente por una autoridad, ya sea madre o padre, o algún pariente cercano. Tendencia antisocial psicótica, es su nombre técnico.

EL SINDROME DE HIBRIS

El síndrome de Hibris, el cual se trata de una alteración que ha sido descrita en muchas áreas, pero que se ha analizado más en la política a partir del comportamiento común en muchos líderes en los que cualidades como la confianza y la seguridad en sí mismos tienden a transformarse en arrogancia y prepotencia, explica la maestra en psicología clínica Sandra Herrera, de la Universidad de Salamanca.

El nombre de esta condición se deriva de ‘hyibris’, un concepto griego que significa desmesura y hoy alude al orgullo o a la autoconfianza exagerada cuando se ostenta alguna posición de mando. La lucha por el poder, donde no importa sacar del paso al opositor, cueste lo que cueste, es una forma del síndrome de hibris, potencializado con un comportamiento antisocial sicótico.

En todo caso para hacer un acto como este se necesita tener un alto grado de maldad, sacar del paso a una persona, acabando con su buen nombre, nos lleva a reevaluar el concepto de las personas que están en nuestra política local, donde pareciera que para conseguir lo que quiero, puedo hacer lo que quiera sin el más mínimo escrúpulo. Lo más importante es acabar con la persona, de cualquier forma. Añadió el Dr. Ariel Méndez Sotomayor.

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