Por Rubén Rodríguez García
Llegó el gerente general de Afinia, Ricardo José Arango a la ciudad de Montería a hablar con los alcaldes de Sincelejo, Cartagena y la ciudad anfitriona a pedirles que le presten la colaboración a la entidad para que el gobierno nacional les cancele las cuentas atrasadas que suman unos 2.4 billones de pesos o, de lo contrario, es inminente el apagón en las ciudades y municipios donde esta empresa presta sus servicios como comercializadora de energía.
Me hizo recordar esta escena aquella fábula de la Rana y el Escorpión cuando este le pide al anfibio que le ayude a cruzar al otro lado del río en su espalda y termina picándola porque, sencillamente, esa es su naturaleza. Por obvias razones ya entendemos quién interpreta el papel del antagónico personaje del relato y quién podría ser la rana que lo carga en su espalda.
La naturaleza de una empresa como Afinia, infortunadamente, no será nunca estar del lado de sus usuarios, mucho menos mejorar un servicio que, entre otras cosas, es oneroso y pésimo. De llegar a un acuerdo los mandatarios de las ciudades reunidos recientemente en Montería para ayudar a Afinia para que les cancelen el dinero que le adeudan, no se sabría a ciencia cierta en qué momento la empresa saque el aguijón y comience a inyectar el venenoso cobro del incremento en las tarifas.
Es esa la naturaleza y razón de ser de la empresa que se asemeja a la del arácnido amigo que llevaba la rana en su espalda. El panorama planteado por parte de Afinia responde a una sin salida para los alcaldes en la que si o si, muy seguramente se verán obligados a gestionar el pago del gobierno nacional a fin de evitar el apagón; sin embargo, esta tarea se podría condicionar, desde ya, por ejemplo, a un congelamiento en las tarifas, a un mejoramiento en el servicio o a un valor más favorable por el kilovatio para el usuario.
De seguro será mucho pedir porque al olmo no se le pueden exigir peras, así reza el adagio popular. La única manera de sentar a Afinia es que con acuerdos convenidos y firmados en un papel, se comprometan a no seguir arremetiendo contra los usuarios. Lo que ocurre es que en escenarios como estos, al igual que en la fábula, no se sabe cuándo y en qué momento el escorpión atacará.
Hoy, Afinia muestra su rostro más humano y se victimiza tras el abuso cometido por parte del Gobierno Nacional. Los usuarios y alcaldes casi que tendrán que salir a hacer una vaca para ayudarla y evitar que nos dejen a oscuras. La capacidad de esta empresa para voltearse y mostrar otra cara como el caimito es impresionante. Las protestas en lugar de ser contra Afinia por su pésimo servicio, serán contra el gobierno nacional, ¿quién lo creyera?
Se aguarda la esperanza de encontrar una solución a un problema que se ha podido evitar y esperemos, eso sí, que el escorpión no nos saque el aguijón para seguir jodiéndonos.

