En tiempos donde la desconfianza hacia lo público parece crecer, una historia local nos recuerda que la política puede —y debe— tener rostro humano. El reciente encuentro entre el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, y el niño conocido como el Canadiense, es más que una anécdota viral: es una lección de gobernanza sensible.

Todo comenzó con una frase espontánea: “¡Es que estás pipón!”, dijo el niño al ver al mandatario en su barrio. Lo que pudo quedarse en una chanza callejera, se convirtió en el inicio de un diálogo genuino. El alcalde escuchó, volvió, visitó su casa y constató una realidad que muchos prefieren ignorar: la pobreza infantil sigue siendo una herida abierta en Cartagena.

La respuesta no fue un discurso, sino una acción. El compromiso de mejorar las condiciones de vida de Santiago y su familia se materializó en una vivienda digna, entregada con alegría, juguetes y esperanza. Un gesto que, aunque no resuelve estructuralmente los problemas de la niñez, sí marca un precedente: cuando se escucha con atención, se gobierna con propósito.

Con este editorial no pretendemos exaltar figuras, sino destacar el valor de la escucha activa en el ejercicio del poder. Gobernar con el oído es posible. Porque si un niño puede interpelar a un alcalde con humor y verdad, y ese alcalde puede responder con empatía y acción, entonces hay esperanza.
La niñez cartagenera necesita más que promesas: necesita presencia, inversión, afecto y políticas públicas que la reconozcan como prioridad. Que esta historia no sea excepción, sino ejemplo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *