Por Luis Adolfo Payares Altamiranda

El día de hoy en el programa Buenos Días Cartagena, el Dr. Rodolfo Díaz Wrigth, dio una explicación técnica sobre lo que es: » Traer gas por cable desde Panamá.»

Por estos días, las redes sociales en Colombia estallan de burlas y memes ante una frase lanzada por el presidente Gustavo Petro: “traer gas por cable desde Panamá”. Una expresión que, en apariencia, suena a disparate tecnológico o a invención digna de ciencia ficción. Pero detrás del chiste fácil y la sorna viral, hay una tesis energética y técnica profundamente seria, como bien lo explica el ingeniero químico y exgerente de Ecopetrol, Dr. Rodolfo Díaz Wrigth.

Vivimos en un país experto en burlarse antes que en entender. A Petro, como pocas veces ocurre con un jefe de Estado, le ha dado por sumergirse en honduras técnicas, económicas y energéticas. Y eso, en una nación donde reina el “mamador de gallo” y el “bajacañero”, suele ser un deporte de alto riesgo. No porque lo que diga sea absurdo, sino porque cuesta explicar conceptos complejos en medio del ruido.

El símil de “traer gas por cable” no se refiere, literalmente, a colgar cilindros de gas en postes eléctricos, como muchos quisieron interpretar. Es una figura basada en el principio de equivalencia energética, amparado por la primera ley de la termodinámica, esa que nos recuerda que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma.

Lo que planteó el presidente Petro —y que el Dr. Díaz desarrolla con claridad meridiana— es que si Panamá compra gas a 6 dólares por millón de BTU, mientras Colombia lo adquiere a 19, la diferencia de precios es abismal e injustificada. Si ese mismo gas en Panamá puede ser transformado en energía eléctrica —que puede viajar por cable hasta nuestro país—, entonces energéticamente se trataría de un «gas por cable», es decir, de una equivalencia de energía transformada.

¿Suena enredado? Tal vez. Pero es un planteamiento tan lógico como la forma en la que hoy recibimos televisión por cable, datos por cable o energía solar convertida en electricidad y distribuida por red eléctrica. ¿Acaso alguien se imagina que por el cable de la televisión viajan mini televisorcitos? Claro que no. Sabemos que es una señal transformada, una equivalencia energética.

La risa colectiva que desató esta frase de Petro no es nueva. Ya ocurrió al inicio de su gobierno con la propuesta sobre “decrecimiento económico”, que muchos tildaron de absurda sin entender su raíz en teorías ecológicas como las de Giorgescu-Roegen, que proponen disminuir producción y consumo como mecanismo de sostenibilidad planetaria. Tiempo después, el concepto fue reivindicado por expertos internacionales. Pasará lo mismo aquí.

En el fondo, lo que está diciendo el presidente es que Colombia no puede seguir pagando la energía más cara del continente cuando existen fuentes de gas más baratas al alcance. Y que Ecopetrol, como empresa estatal, tiene la responsabilidad de salir al mercado internacional a buscar opciones de compra más favorables, como hace cualquier trader global de energía.

La reflexión del Dr. Rodolfo Díaz no solo es pertinente, sino urgente. Nos recuerda que el costo de la energía en Colombia no es un asunto técnico neutral, sino también político y económico. Hoy, las electrificadoras compran gas caro, lo convierten en energía térmica, y esa energía encarece todo el mercado, incluso el de fuentes limpias como la hidroeléctrica. Por eso, el reciente decreto presidencial que limita la especulación energética en la bolsa va en esa misma línea: racionalizar el sistema.

Tal vez ha llegado la hora de que dejemos de buscar el meme fácil y comencemos a debatir con seriedad nuestras opciones energéticas. Que el gas viaje por cable, al final, puede ser más real —y más urgente— de lo que muchos quieren creer.

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