Pese a los cuestionamientos que han circulado en redes sociales por parte del exrepresentante a la Cámara y hoy aspirante a la Alcaldía por el Pacto Histórico, Fernando Niño, sobre algunos aspectos del Malecón del Mar, varios cartageneros aseguran haberlo visto este sábado recorriendo el lugar junto a su hijo y disfrutando de este nuevo espacio que desde hoy queda al servicio de la ciudad.
La escena no pasó desapercibida. Mientras que en otros escenarios se han escuchado críticas que señalan que se «pavimentó la playa» o alteró el frente costero, cientos de ciudadanos han acudido al lugar para conocer de primera mano los primeros dos kilómetros de este proyecto que busca reconectar a Cartagena con el mar y ampliar las opciones de encuentro para residentes y visitantes.
Y es que el Malecón del Mar parece destinado a convertirse en un punto de encuentro para todos, incluso para quienes en algún momento expresaron reservas sobre su construcción. Al final, más allá de las posiciones políticas o los debates técnicos, la curiosidad y el atractivo del nuevo espacio terminan convocando a propios y extraños.
No faltarán quienes, después de criticar la obra, decidan caminar sus senderos al atardecer, contemplar la vista al Caribe o hacer una parada para refrescarse con un tradicional boli de Luisa González, la reconocida «Bolicosteña», uno de los sabores que ya forma parte de la experiencia del lugar.
La realidad es que las grandes transformaciones urbanas suelen generar opiniones divididas. Sin embargo, una vez entregadas, son los ciudadanos quienes terminan apropiándose de ellas, convirtiéndolas en escenarios de convivencia, recreación y disfrute colectivo.
Como se ha dicho en repetidas ocasiones, las obras públicas no pertenecen a los gobiernos de turno sino a la gente. Y el Malecón del Mar, más allá de cualquier diferencia política, es hoy un espacio de todos los cartageneros, llamado a ser disfrutado por quienes lo respaldaron, por quienes lo cuestionaron y por las futuras generaciones que harán de este lugar parte de la nueva identidad de Cartagena.
