EDITORIAL
Las Fiestas de Independencia de Cartagena acaban de cerrar uno de los capítulos más memorables de las últimas décadas. No es exageración: esta edición marcó un precedente histórico, no solo por la magnitud de los eventos, sino porque devolvió a la ciudad algo que hacía muchos años no se veía con tanta fuerza: la alegría compartida.
Cartagena nació festiva. Desde las celebraciones del 11 de noviembre de 1811, cuando se juró la independencia absoluta del yugo español, las fiestas han sido el escenario donde el pueblo reafirma su identidad, su resistencia y su cultura. En el pasado, fueron punto de encuentro de comunidades, barrios y tradiciones que, a pesar del tiempo, se mantenían vivas. Sin embargo, durante las últimas décadas esa esencia se había diluido en medio del desorden, la desarticulación institucional y la desvinculación del ciudadano común.
En este gobierno todo cambió.
Las Fiestas de Independencia volvieron a encontrar su norte y se transformaron en un espectáculo que conjugó tradición, modernidad y convivencia. Y es justo reconocerlo: la Administración Distrital encabezada por Dumek Turbay Paz fue el motor que encendió nuevamente la chispa festiva que Cartagena había perdido.
Los eventos de este año no solo fueron exitosos: fueron masivos, ordenados y profundamente incluyentes. Por primera vez en mucho tiempo se vio una Cartagena vibrando al unísono, como una sola ciudad.
El Bololó del Arsenal se convirtió en un punto de encuentro intergeneracional donde la música, el baile y la gastronomía se mezclaron con una organización impecable y una seguridad que permitió a las familias disfrutar sin temor.
El Vacile de la 54 recuperó el espíritu barrial, ese que por años estuvo dormido. La gente volvió a tomarse el espacio público con respeto, alegría y sentimiento de pertenencia.
Y qué decir del Festival Náutico, sin duda el gran descubrimiento de estas fiestas, que logró algo que parecía imposible: unir en un mismo escenario a todas las clases sociales de la ciudad. Desde los pescadores tradicionales hasta los amantes de los deportes acuáticos y visitantes nacionales y extranjeros, todos disfrutaron del esplendor natural de la Bahía de Cartagena. Se vio ciudadanía, se vio convivencia, se vio orgullo.
El impacto también fue palpable en la economía local: comerciantes con ventas históricas, reactivación turística, generación de miles de empleos temporales y un ambiente de ciudad que hacía años no se respiraba. Todo esto bajo una articulación institucional sólida, con logística, cultura y seguridad trabajando como un solo engranaje.
El alcalde Dumek Turbay Paz ha demostrado que gobernar también es darle vida a la ciudad, fortalecer sus tradiciones y devolverle al ciudadano el sentido de pertenencia que se había perdido. Su administración supo planear, ejecutar e innovar sin perder la esencia de lo que representan estas fiestas para la identidad cartagenera.
Por eso el mensaje es claro: !!ESTO TIENE QUE SEGUIR…!!

