Por Rodolfo Díaz Wright

Las estatuas de Cartagena siempre habían estado sometidas al abandono del gobierno de turno, la desidia, y el escarnio de algunos enemigos de variadas condiciones. Ahora que, por falta de recursos, debemos hacerlas de materiales deleznables, no solo las vacilan, sino que las mutilan, se roban partes y las vandalizan.

Arturo, el loco, se la tenía montada a la estatua de Pedro de Heredia, debido al gran parecido físico que existía entre el fundador de Cartagena y el folclórico y popular personaje. Lo insultaba y escupía, mientras los guasones inmortales del camellón de los Mártires, le hacían rueda y le “daban carbón”, para disfrutar del espectáculo.

A la India Catalina, se le robaban la pluma, se subían al pedestal a abrazarla y tomarse fotos con ella y nadie olvidará cuando en un Festival de Cine, de por allá por los años sesenta, la actriz estadounidense Edy Williams – quien luego sería una de las chicas de Russ Meyer en la muy candente Beyond The Valley of The Dolls – enloqueció ante la desnudez de la India Catalina y decidió treparse junto a ella, con sus pechos al aire, para demostrar que tenía mejor cuerpo. Lo más grave de todo, fue la pelotera que se formó entre quienes decían que la Williams tenía mejores senos que la India y quienes aseguraban lo contrario.

La Gorda de Botero, en la plaza de Santo Domingo, tiene los pezones brillantes, debido a que todo el que llega a contemplarla, aprovecha la oportunidad para manosearla y, hace solo unos años, un cachaco borracho perdió la chaveta y se le encaramó,  con la seria intención de hacerle el amor. La rápida presencia de la policía y la colaboración de algunos nativos, impidieron el bochornoso espectáculo, persiguiendo al pervertido, descamisado, a fuetazo limpio, por las legendarias callecitas del Centro Histórico.

Al Camellón de los Mártires,  inicialmente  se le instalaron cuatro Mártires con los nombres trastocados y, solo después de un siglo, se corrigió el error. Asimismo, a otros dos Mártires, de quienes no se disponía de fotografía, se les hizo el busto, siguiéndose por el parecido con los familiares o por referencias de conocidos. Más recientemente, fueron robados dos bustos y rescatados en un metedero de piperos del barrio de Getsemaní. De igual manera a su vecino de enfrente, el gran Miguel de Cervantes Saavedra, permanentemente se le roban su herramienta de trabajo: la pluma.

Pero, hablando en serio, las estatuas antiguas, que nos causan gran impresión por su belleza, estado de conservación y  antigüedad, se realizaban  en materiales pétreos, como mármol, caliza, alabastro, granito y diorita o  en metales y aleaciones, como cobre, bronce, hierro, acero, incluso plata y oro. No es de extrañar entonces que, después de muchos siglos, se mantengan inalteradas, sin perjuicio de desgastes superficiales causados por los nuevos ambientes contaminantes y corrosivos, como las llamadas lluvias ácidas.

Otra caracteristica de las estatuas que trascienden es que, la inmensa mayoría, están instaladas sobre altos pedestales, lo que, al tiempo que les da mayor visibilidad,  las protege e  impide que algún malandrín desadaptado,  o algún demente, intente hacerse el gracioso y la  emprenda contra el monumento, para mojar prensa y facebook live. Entre muchos de estos casos, es emblemático el ocurrido, el 21 de mayo de 1972, cuando un geólogo australiano – húngaro,   llamado Laszlo Toth, saltó sobre la joya del renacimiento, el famoso marmol La Pieta, de Miguel Angel Buonarroti,  gritando que “él era Jesucristo resucitado de entre los muertos” y lo  golpeó quince veces con su piqueta de romper rocas. La estatua original, ubicada en la Basílica de San Pedro, ahora está protegida por un cristal a prueba de balas.

Así que nada de aspavientos porque a la estatua del gran Abel Leal, le hayan, primero robado el bate y luego descabezado. Es más, hay quien asegura que, estaba tan descuidada y tan mal ubicada, que los últimos daños ocurrieron a consecuencia de balonazos de jóvenes que jugaban en el sector.

Lo cierto es que, a pesar de las ventajas, en cuanto a costo, peso, facilidad de manejo y transporte y protección anticorrosión, la fibra de vidrio es sugerida solo para proyectos temporales, mientras se funde en bronce, la estatua definitiva. Esto es especialmente cierto y recomendado sobre todo, si la estatua se va a instalar a la intemperie, y a nivel del suelo, donde la fibra es cristalizada por los rayos solares, debilitada por la humedad y sujeto de accidentes o ataques vandálicos. De acuerdo con expertos, bien cuidada y mantenida una estatua de fibra no va más allá de los 50 años. Ese no es, precisamente, nuestro caso.

Aunque parezca mentira el tema de estatuas y monumentos, también necesita gobierno, planeación, estudios, mantenimientos y cuidados. Bastantes problemas tiene ya la ciudad, para que tengamos que andar enredados con estatuicidios.

Salvador Dali decía que “lo menos que puede pedirse a una  estatua es que no se mueva”. Muy seguramente, el bigotudo surrealista de Figueres, no tenía ni idea de lo que son capaces de hacer las Estatuas de la Heroica.

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