Por Abraham Neguib Raad L. – Consejero Nacional del Nuevo Liberalismo
Hace algún tiempo, mientras conversaba con el docente Javier Hernández sobre la identidad de Cartagena, surgió una pregunta incómoda pero necesaria: ¿por qué a los cartageneros les cuesta tanto sentir amor propio por su ciudad? Javier, con su caracterizada franqueza, me respondió: “Cartagena es una ciudad agresiva”. Esa frase resonó en mí y me llevó a reflexionar sobre cómo esa agresividad, a veces dirigida hacia nosotros mismos, ha impedido que florezca un sentido de pertenencia colectivo. Hoy, más que nunca, es el momento de dejar atrás las rencillas y los egoísmos para construir una Cartagena unida y que se transforme en esa megaciudad.
En este primer año de administración, hemos visto avances concretos que demuestran que un cambio positivo es posible. Uno de los logros más significativos fue la demolición del edificio Acuarela, una estructura que durante años simbolizó el abandono y el deterioro. Aunque algunos criticaron la decisión sin proponer alternativas, hoy ese espacio recuperado beneficia a toda la comunidad. Además, las obras viales se han extendido por toda la ciudad, desde el centro histórico hasta barrios que durante décadas estuvieron olvidados. Estas mejoras no solo facilitan la movilidad, sino que también generan empleo y reactivan la economía local.
Las fiestas de noviembre y la iluminación navideña son otro ejemplo de cómo la administración ha trabajado para devolverle el brillo a Cartagena. Con una inversión de aproximadamente 15 mil millones de pesos, se instalaron 40 puntos de iluminación en toda la ciudad, incluyendo zonas marginales como la Vía Perimetral y El Pozón, lugares que nunca antes habían sido incluidos en estas celebraciones. El impacto económico fue notable: las ventas formales e informales alcanzaron cifras millonarias, y el desempleo en la ciudad se redujo durante el trimestre de octubre a diciembre. Estos eventos no solo alegraron a los cartageneros, sino que también demostraron que es posible celebrar la cultura y la tradición sin exclusiones.
Sin embargo, no todo ha sido fácil. Algunos críticos han intentado opacar estos logros con argumentos infundados. Acusan al alcalde de prepotencia, falta de planificación y corrupción, pero no presentan pruebas concretas. Más allá de estas descalificaciones, lo cierto es que esta administración ha recuperado la confianza de los ciudadanos y cumplió con la meta de recaudo de impuestos, un hito que refleja transparencia y eficiencia. En lugar de sumarse a los ataques, deberíamos trabajar juntos para consolidar estos avances.
Para fomentar la Cartagenidad, es esencial que identifiquemos símbolos y proyectos que nos unan como ciudad. El béisbol, la champeta, la salsa y nuestros monumentos históricos son parte de esa identidad que nos define. Debemos apoyar iniciativas culturales y deportivas que promuevan el orgullo por nuestra ciudad y que involucren a todos los sectores, especialmente a aquellos que han sido marginados durante años. Cartagena no puede avanzar si solo unos pocos se benefician; el progreso debe ser inclusivo y equitativo.
A los críticos de la administración, les extendemos una invitación sincera: dejen atrás los ataques infundados y sumen sus voces a la construcción de una Cartagena mejor. La ciudad nos necesita a todos, no como adversarios, sino como aliados. Es momento de dejar de lado los intereses personales y trabajar por el bien común. Cartagena tiene todo para ser una ciudad ejemplar: historia, cultura, talento y una ubicación privilegiada. No podemos permitir que las divisiones nos impidan alcanzar ese potencial.
Este es un momento crucial para nuestra ciudad. Los logros alcanzados hasta ahora son solo el comienzo de lo que podemos construir juntos. Invito a todos los cartageneros a reflexionar sobre el papel que desempeñamos en este proceso. ¿Queremos seguir siendo una ciudad agresiva, dividida por rencillas y egoísmos, o estamos dispuestos a unirnos para escribir un nuevo capítulo en la historia de Cartagena? La respuesta está en nuestras manos.
Ni un paso atrás… Siempre adelante.”

