Por Danilo Contreras
Hay buenos amigos que me critican amablemente por algunas citas que suelo hacer en las notas que a veces escribo, respecto de filósofos y pensadores, pues según el criterio de aquellos tales referencias impiden que mucha más gente entienda el mensaje que uno intenta transmitir con sus columnas. A la gente le aburren esas cosas y prefieren un lenguaje más directo y coloquial, me alegan.
En cambio, personalmente pienso que la gente es capaz de entender argumentos basados en reflexiones de grandes personajes que le ayudan a uno a comprender la complejidad de la vida social y de la naturaleza humana. Bajo ese entendido me he encargado de resaltar la existencia de una “masa crítica” de ciudadanos que persistentemente se manifiesta en las elecciones locales, para lo cual destaco con particular interés los más de 199 mil votos en blanco, que sin concertación previa o campaña de impulso, se depositaron en las pasadas elecciones a Gobernación de Bolívar, fenómeno que entiendo como un franco rechazo al candidato de los clanes políticos que finalmente fue ganador en esa ocasión, con la lamentable expectativa de que quien le podría suceder sería también un representante de todo lo que se puede concebir como politiquería.
Pues bien, ahora que estamos próximos a elegir en Cartagena y Bolívar, he recordado como Kant y Sartre, con más de un siglo de diferencia, coinciden en relacionar la idea de libertad con la noción de responsabilidad. El primero aduce que la libertad sin responsabilidad degenera en libertinaje, mientras que el segundo es mucho más dramático al sentenciar que el ser humano es la criatura condenada a ser libre, pues permanentemente debe elegir, así no lo desee.
Pues bien, nos toca elegir en estos días entre un gran número de candidatos y candidatas a cargos y corporaciones, entre los que desde luego hay de todo como en botica. Suele pasar. Sin embargo, en estas elecciones se cierne sobre la ciudad una especie de horda de políticos tradicionales que supuestamente habían sido desbancados del poder local por un alcalde que no provenía de sus huestes y que intentó levantar la bandera de lucha contra la corrupción y la politiquería pese a que infortunadamente cayó también en algunas prácticas que otrora criticó, al punto de respaldar con herramientas institucionales del poder, candidaturas propias.
No sobra observar como demasiados medios de comunicación coadyuvan, expresa o soterradamente, la posibilidad de que los clanes políticos vuelvan por sus fueros, seguramente con pauta a bordo.
En todo caso, pensadores como los citados coinciden en señalar que en la posibilidad de elegir se encuentra una manifestación de la dignidad humana en tanto la dignidad es esencialmente autonomía, esto es, escoger entre opciones sin necesidad de que nadie desde fuera nos imponga o de cualquier manera compre o enajene nuestra decisión.
Justo en ese punto surge el valor de una ciudadanía capaz de salir a votar a pie, en su cicla, en transporte público o en su vehículo particular, por los candidatos que considera que pueden hacer un gobierno, no solo de obras en favor de la comunidad, sino también y con igual peso de importancia, que gobiernen con honestidad y sin que el tesoro público se convierta en fuente de enriquecimiento particular, pues para muchos es muy jodido ver que con la plata que es de todos, se enriquecen unos pocos.
Existe de hecho un sector de la población que, bajo un criterio erróneo, sostiene aquello de que es “mejor que roben, pero que hagan”, con lo cuál, sin duda, esos conciudadanos claudican gran parte de su dignidad y autonomía personal. Otros, de manera más precaria ven en el día de las elecciones la posibilidad de un rebusque del cuál carecen cotidianamente, con lo que acreditan patéticamente la frase que algunos atribuyen a Bertholt Brecht según la cuál “primero va el hambre, luego la moral”.
En fin, la democracia que tiene tantos enemigos, no solo entre los líderes y regímenes autocráticos, sino entre tantos conciudadanos que anhelan las cadenas y el sometimiento, se pone a prueba el próximo 29 de octubre de nuevo, y esperamos que esos paisanos y paisanas qué son capaces de votar con dignidad y autonomía, se hagan sentir de nuevo.
En el caso de este humilde servidor, ya he tomado la decisión autónoma e independiente de votar a ideas Progresistas para cargos y corporaciones públicas, conforme lo he expuesto en notas precedentes. Esperamos siempre la victoria de tales ideas, aunque los caminos sean difíciles.

