Por Rubén Rodríguez García

Recientemente los resultados de la encuesta Guarumo le dijeron al alcalde de Cartagena, William Dau Chamatt, que las cosas no las estaba haciendo bien y que enderezara el camino, pues los únicos que estaban viendo con buenos ojos lo que estaba haciendo, eran gran parte de ese público que lo respalda a través de las redes sociales y algunos otros agrupados en las llamadas ‘bodegas’.

Más allá del show en los pronunciamientos que se han montado para señalar o no a malandrines y malandrinas desde el despacho del alcalde, la ciudad requiere ahora mismo, una administración que gobierne y, que en momentos de crisis, se sienta que hay un capitán capaz de llevar la nave a buen puerto.

A favor tiene el mandatario distrital que nadie estaba preparado para gobernar en medio de la pandemia, es cierto. Pero recordar que con preocupación asistimos, hace ya dos meses y medio, a ver una ciudad que era fuertemente golpeada por el Covid19, mientras al mandatario distrital le quedaba grande plantear hasta un pico y cédula; le corría la madre a los concejales; le declaraba la guerra a los gremios; le decía a los entes de control que poco o nada servían y, ya por último, le decía a la Universidad de Cartagena que era un nido de ratas.

Y mientras el show de Dau avanza por un camino con el alcalde a la cabeza; la ciudad que requiere de un verdadero gobernante y de políticas claras, avanza por otro muy distinto. Hoy en Cartagena se disparan los cierres de establecimientos comerciales, los empresarios han despedido de manera masiva a sus empleados, el turismo, el gran motor de desarrollo de la ciudad, aún no coloca los pies en el partidor y, todo en la ciudad es un caos.

Otro ejemplo es el que se plantea cuando la autoridad policial aseguró que había capturado a los asesinos del joven abogado Sergio Andrés Díaz Barrios. Volvimos a asistir, en esta oportunidad al show de Dau. El alcalde corrió de inmediato a hacerse la foto con el delincuente como para postearla en Facebook tal vez y demostrar que se había trabajado en contra de la inseguridad. Y qué decepción, tanto la Fiscalía como el juez de garantías le tumbaron el espectáculo al alcalde y declararon la captura ilegal. Los capturados seguían vinculados al proceso, pero libres. Y es donde vuelve a surgir el grave problema de no contar con una administración que gobierne.

Escuchaba al maestro José Villamil, a quien tuve el gusto de conocer en el Externado de Colombia, hablar sobre un término que tal vez nos suene muy raro pero que es un imperativo para cualquier mandatario: gobernanza, y esta entendida como un indicador de la eficacia de una gestión gubernamental. El término gobernanza podría tener su origen en el griego kybernan, que significa dirigir, que si bien hace alusión literal a la acción de manejar una nave, fue empleado por Platón para referirse a la manera en la que los ciudadanos deberían ser gobernados.

La gobernanza incluye una interacción adecuada, entre el Estado o instituciones públicas, el mercado y la sociedad civil, con el objetivo de lograr un desarrollo económico, político y social de largo alcance. Y me ilustraba el catedrático Villamil diciéndome que mientras un mandatario no tenga claras las políticas que trazará en su administración, el resto de lo que diga es pura y física carreta. Por esto, es que le insisto al alcalde Dau que mientras no tenga definidos los lineamientos para su gobierno pretenderá hacer creer que gobierna, algunos le creerán, otros, por fortuna, vamos entendiendo lo que está pasando y cada vez somos más.

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