Por Rodolfo Díaz Wright

Recibí una llamada perentoria de mi EPS, en la que me decían que estaba en la lista y, de inmediato y me ilusioné con la idea de que habían llegado las vacunas y, debido a mis condiciones, sería uno de los primeros en recibirla.

Error fatal.  Como dice el internet, cuando la página no se encuentra: la llamada era para decirme que había llegado mi turno para hacerme la famosa y miedosa prueba, en la que le curucutean a uno la nariz con un hisopo y lo dejan estornudando por varios días. Con solo imaginarme la situación, me saltaron las lágrimas y fui a esconderme en mi rincón preferido, hasta que me pasara el susto.

La verdad es que en medio de la desproporcionada noticia, no me di cuenta que mi EPS, siempre proactiva y efectiva, había determinado realizar, con carácter de urgencia, pruebas a las personas en condición de riesgo y a adultos mayores, en consideración al desmadre que había vivido la ciudad, en los últimos días, a consecuencia de las medidas irresponsables e indolentes, que abrían la ciudad al mundo entero en pleno rebrote, para  que, una horda de mas de 60000 turistas, igualmente desorientados e irresponsables, vinieran a compartir alegre y desordenadamente con nosotros, los animalitos de caramelo, de las viejas y nuevas cepas del cosiámfiro  ese.

No acababa de recuperarme, cuando recibí la información de la que es quizá, la mas absurda y estrafalaria de las medidas tomadas en esta piñata de resoluciones y decretos  cíclicos y reciclados: Ahora que ya se desocupó la ciudad, que gracias a Dios se fueron los turistas, ahora que el daño está hecho y nosotros pusimos los muertos, que se fueron en silencio, sin acompañamiento y sin flores, ahora si tocan las restricciones estúpidas e inútiles. No hace ni dos semanas que se dijo, después de “profundos y sesudos” estudios, que: “los que se mueren son los viejitos, debido a que los familiares salen y luego regresan a la casa a contagiarlos”. Pues, con la apertura de fin de año y ahora este regreso a casa, parece que se oficializa el procedimiento de contagio de los mayores.

Pero si por La Heroica llueve, en el resto del país no escampa. Realmente nos sorprende que un gobierno, que cada vez centraliza más y más, haya descentralizado, y de que manera, el control de la propagación y contención de una pandemia que, por el contrario, en otras latitudes viene siendo manejada desde las más altas esferas y con el mayor de los rigores. Nuestros gobernantes andinos, no solo no atendieron los clamores de la ciudadanía cartagenera, que rogaba que no abrieran la ciudad descontroladamente en la temporada de fin de año, sino que ellos mismos vinieron a solazarse en medio del despelote, a dar pantalla y a dejarse invitar de nuestra complaciente dirigencia.

Por si fuera poco, mientras en el mundo entero ya se vacunan por millones contra el famoso bicho chino, los colombianos, gracias a la misteriosa y enredada gestión de nuestros sabios de tierra fría, nuevamente nos estamos ganando el triste último puesto de los malos estudiantes. Ya somos el último hasta en Suramérica y, no es que estamos esperando la vacuna, que está un poquito demorada. No señor: apenas estamos estudiando los complejos contratos, con su enrevesada tramitomanía de artículos e incisos, en los que sobresale el término confidencialidad, que no entendemos porque en ninguna otra parte afectó ni demoró. Tal parece que lo que estamos negociando es la fórmula y los planos de los herméticos equipos, con que Paracelso logró el sueño de José Arcadio, de convertir el plomo en oro y no en muertos.

Quien no ha perdido tiempo es el grupo que lidera la revocatoria del alcalde de la heroica: no solo inscribió en la Registraduría la documentación para iniciar el proceso, sino que ya recibió aprobación y está a la espera de la citación a la audiencia. El proceso está en etapa de pedagogía y difusión y es evidente, la cada vez mayor comprensión por parte de la ciudadanía de la necesidad de revocatoria y la masiva vinculación de diferentes sectores al proceso.

A raíz del terrible manejo que nuestras autoridades le han dado al tema de los adultos mayores, recordé esta hermosa frase del juglar guajiro Rosendo Romero:

“Quiero robarle los minutos a las horas, pa’ que mis padres nunca se me pongan viejos”.

P.D. Jugaron pelota fina los dueños de la concesión y el alcalde al no aumentar el peaje, a fin de prolongar la concesión ad-infinitum. Se creen muy vivos, o creen que los cartageneros somos pendejos. Ya verán.

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