Por Luis Adolfo Payares

Como en los tiempos de NOE, literalmente el día sábado 5 de noviembre será descrito como uno de los más lluviosos de este año 2022. El diluvio que cayó dejó una ciudad inundada, en casi todo su territorio. Las fotos difundidas por las redes sociales por improvisados fotógrafos describían un cielo gris, con aguas por todas partes, donde la ciudad se veía como una verdadera Venecia.

En la edad media los religiosos luteranos ortodoxos veían la lluvia como algo predictivo, y si esta era demasiado insistente, creían que Dios estaba hablándole a los gobernantes. No hay nada más acertado en esto con lo que pasa en Cartagena. La ciudad registra su peor escenario, completamente destruida su malla vial, no hay una administración que se anticipe a lo que pasa, sino que actúa de manera reactiva, con lo cual se produce más caos y desgobierno. La falta de empatía y de inteligencia emocional del gobernante produce toda clase de desaciertos, que confluyen en un mar de desorden e ineptitud, lo que acarrea una situación vergonzosa y de mucha desorganización en la ciudad.

La gota se rebosó la copa fue hace dos días, cuando fue asesinado un padre de familia, y a su pequeña hija de escasos 9 años quien fue alcanzada por una de las balas que iban dirigidas para él. Nada más triste que tengan que morir niños en esta guerra que pareciera que no tuviera fin, donde la institucionalidad está amenazada, y el burgomaestre no ha tenido la experticia para manejarla.

Sus frases disonantes y poco empáticas lo hacen ver como un guasón, un arlequín que poco o nada pareciera que pretende hacer por mejorar el estado de inseguridad que vive nuestra ciudad, donde todos los ciudadanos nos sentimos con miedo ante tanta masacre. Es que son más de 300 cartageneros los que han sido masacrados por sicarios, que solo tienen como motivador unos cuantos pesos para cegar la vida de otro cartagenero, algo terrible está sucediendo, pero hasta el momento no vemos ninguna contención por parte de la policía, ni de la alcaldía, muy grave estamos.

Hoy fue uno de esos días donde el cielo lloró por Cartagena. No era lluvía, eran lágrimas de dolor del Dios del Universo que le reclama a su gobernante, que haga algo para mitigar las muertes. El colofón del día fue que bajo la lluvia pertinaz, esa misma que inició el día, los féretros del padre de la familia Llorente, y su hija Alejandra, fueron puestos en una fosa del cementerio Jardines de Cartagena donde recibieron el último adiós.

Un escenario gris y conmovedor, como si el mismo día supiera la tristeza que tiene el pueblo cartagenero ante tanta barbarie sucedida. Ojalá el alcalde tenga la sensatez de cancelar de una vez por todas estas fiestas, que traerán más muertes, estamos seguros, y no solo cancele los comentarios de sus redes sociales para no escuchar, ni leer la voz del pueblo. Alcalde, “Vox populi vox dei”, la frase erróneamente atribuida a la biblia, la cual, según la historia, fue escrita por el arzobispo de Canterbury por allá en el siglo XIV, en una mañana lluviosa, donde presuntamente Dios le habló.

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