En Cartagena, la inversión de la administración distrital en parques y espacios públicos no es solo infraestructura. Es memoria viva de lo que la pandemia nos enseñó. Cuando las calles se vaciaron y los hogares se convirtieron en fronteras, descubrimos que la salud mental y la convivencia necesitaban aire, árboles y horizontes abiertos. La ciudad entendió que el bienestar colectivo no se medía solamente en hospitales, sino también en plazas donde se respira comunidad.

Hasta enero de 2026, el alcalde Dumek Turbay entregó a la ciudad al menos tres parques renovados y puestos al servicio de las comunidades en Cartagena: el Parque Centenario en el Centro Histórico, el Parque Flanagan en Bocagrande y el Parque de La Virgencita en Blas de Lezo. Además, están en marcha obras en otros espacios emblemáticos como el Reloj Floral y el Parque Apolo.

Los parques que hoy florecen en distintos barrios son más que obras urbanas. Son escenarios de resiliencia. Allí los niños recuperan la risa, los adultos mayores encuentran compañía, y las familias vuelven a reconocerse en la mirada del otro. Es un recordatorio de que la ciudad no se construye solo con cemento, sino con vínculos.

La pandemia nos obligó a valorar lo esencial: caminar, conversar, sentir el viento. Esta necesidad se ha sabido leer y por esta razón se apostó por espacios que dignifican la vida cotidiana. En cada sendero y cada zona verde se refleja una Cartagena que aprendió de la crisis y decidió transformar la nostalgia del aislamiento en oportunidades de encuentro.

Hoy, cuando el mundo habla de innovación y futuro, Cartagena responde con parques que son aulas abiertas de ciudadanía. La enseñanza es clara: invertir en espacios públicos es invertir en salud, en alegría y en confianza. Que nunca olvidemos que los parques son más que recreación; son el corazón de una ciudad que aprendió a cuidarse y a celebrarse en comunidad.

Los parques no son adornos urbanos, son pilares de la vida comunitaria. Con cada inauguración, Cartagena reafirma que el bienestar colectivo se construye en espacios donde todos cabemos, donde la ciudad se celebra y se cuida a sí misma.

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