Duró poco la satisfacción de aquellos irresponsables que, con ligereza y sin sentido de pertenencia, se alegraron por el atraco a una turista en la vía hacia La Popa. Esa reacción no solo es reprochable, sino que refleja lo bajo que hemos caído como sociedad: confundir al verdadero culpable y convertir al delincuente en víctima, mientras se señala al gobierno y a la policía.
En Cartagena, un delito no puede ser motivo de celebración. El crimen daña la imagen de la ciudad, afecta la confianza de los visitantes y golpea el esfuerzo de miles de cartageneros que trabajan por construir un mejor futuro. Resulta lamentable que haya quienes se solacen en el infortunio ajeno con tal de alimentar su desprecio hacia las instituciones.
La respuesta del Estado fue rápida y contundente. Gracias a la tecnología —los drones térmicos y los equipos adquiridos para combatir el crimen— los responsables fueron detectados y puestos en manos de las autoridades. Esa es la función del gobierno local: enfrentar el delito, capturar a los delincuentes y garantizar que respondan ante la justicia.
Felicitaciones a la Policía, a la Secretaría del Interior, a Distriseguridad, a la Alcaldía, que actuaron con celeridad y demostraron que Cartagena sí está preparada para dar una lucha frontal contra el crimen.
Lo triste es que aún existan ciudadanos que festejen el daño a su propia ciudad. Esa actitud es una traición a la identidad cartagenera y una distorsión de la conciencia. La verdadera batalla no es solo contra los delincuentes, sino también contra quienes se alegran de que la ciudad sufra.
La lección es clara: la felicidad de los que celebran el delito es efímera. La justicia, en cambio, debe ser firme y duradera. Cartagena merece respeto, merece seguridad y merece que sus ciudadanos se unan en defensa de su imagen y su futuro.
¡Felicitaciones a todos!

