Cartagena celebra y vive un momento de dinamismo especial. Las obras públicas lideradas por la Alcaldía ya generan más de mil empleos directos y proyectan alcanzar cerca de seis mil en los próximos meses. Es una cifra que habla de esperanza, de oportunidades para las familias y de una economía local que se activa con cada frente de trabajo. La infraestructura, más allá del cemento, se convierte en un motor de dignidad y progreso.

Pero la verdadera pregunta es: ¿será capaz Cartagena de sostener este impulso en el tiempo? La historia de la ciudad está marcada por proyectos que nacen con entusiasmo y se apagan en el abandono. El reto no es solo inaugurar obras, sino garantizar que se mantengan, que cumplan su propósito social y que no se conviertan en monumentos al descuido.

Para esto, la continuidad será la clave. Lo fundamental será mantener la contratación de la mano de obra local, la transparencia de los procesos, el mantenimiento de lo construido y una visión de ciudad que trasciende las coyunturas políticas. Porque el empleo que hoy celebramos debe ser semilla de un futuro estable, no un espejismo pasajero.

Cartagena construye empleo, sí, y eso merece reconocimiento. Pero la ciudad exige también construir confianza, desarrollo, sostenibilidad y memoria institucional. Solo así las cifras de hoy se transformarán en bienestar duradero para las generaciones de mañana.

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