El Parque Centenario nació de un terreno baldío que alternaba entre pantano y polvareda. Un espacio olvidado que la ciudad transformó en símbolo de conmemoración. Fue la efeméride del 11 de noviembre de 1811 la que dio sentido a aquel lote, y en 1911, con motivo del primer centenario de la independencia, se levantó el parque que pronto se convirtió en corazón popular de Cartagena.
Desde sus primeros días, el Centenario fue lugar de encuentro. La fuente con sábalos e hicoteas, los guacamayos y monos que animaban los paseos, y las retretas dominicales de la banda naval marcaron la rutina de familias enteras. Padres e hijos acudían a ver los animales, disfrutar un helado “popcicle” y dejarse envolver por la música antes del regreso al hogar.
Las fiestas de noviembre le dieron un aire festivo: fandangos con papayeras y bailes encapuchados donde rivales terminaban abrazados en la danza. En diciembre, los muros se llenaban de tenderetes con juguetes artesanales: muñecas de trapo, chivas de madera, camiones de arena. La Nochebuena era el momento culminante, cuando los padres corrían a comprar el regalo que el Niño Dios traería a sus hijos.
El parque también fue cuna de deporte y cultura. Allí se levantaron canchas de baloncesto, microfútbol y patinaje, donde se formaron atletas que dieron gloria a la ciudad.
Se presentaron mimos, cuenteros y cantantes, y floreció la lectura: novelas de vaqueros y cuentos alquilados colgaban de cabuyas, en un ritual literario que marcó generaciones antes de la llegada de la televisión.
No todo fue esplendor. En cierto momento, la instalación de una estación de policía lo convirtió en espacio más militar que ciudadano, y el parque se fue cerrando poco a poco.
Pero hoy, gracias a la restauración emprendida por la administración local, el Centenario vuelve a abrirse con sus elementos originales, recuperando su papel como pulmón y corazón de Cartagena. El Parque Centenario es más que un espacio verde: es memoria viva, escenario de encuentros, símbolo de resistencia y disfrute colectivo.
El Parque Centenario, que desde sus orígenes ha sido pulmón y corazón de Cartagena, vuelve a ocupar el lugar que nunca debió perder: el de espacio ciudadano, abierto y vivo. La reciente recuperación impulsada por el alcalde Dumek Turbay no solo rescata su valor histórico y simbólico, sino que reafirma su vocación popular como escenario de encuentro, cultura y memoria.
Las generaciones venideras al igual que las administraciones tienen la misión de cuidarlo y celebrar porque en sus caminos y fuentes continúe latiendo la historia de una ciudad que nunca ha dejado de apreciarlo.

