Cartagena, la joya turística de Colombia y una de las ciudades más visitadas de Latinoamérica, enfrenta una paradoja dolorosa: mientras su imagen internacional crece, su aeropuerto internacional Rafael Núñez permanece atrapado en la obsolescencia y la incertidumbre.

La empresa OINAC, presentada con despliegue publicitario como la gran ganadora de la licitación para operar y modernizar el aeropuerto, prometió que las obras arrancarían en marzo de 2025. Sin embargo, la realidad fue otra: retrasos constantes, falta de socialización del proyecto y un silencio que alimentó la desconfianza ciudadana.

Los vecinos de Crespo comenzaron entonces a preguntarse por qué se compraban casas con procedimientos cuestionados, por qué se trasladaban tanques de combustible hacia la ciénaga con riesgo de contaminación, o por qué se pretendía usar una licencia ambiental de 1996, ya sancionada judicialmente por incumplimientos en ruido y contaminación. La comunidad nunca recibió respuestas claras.

El año 2025 cerró sin avances significativos. OINAC culpó a la alcaldía de Cartagena de obstaculizar el proyecto, pero la ciudadanía sabe que esa versión no corresponde a la realidad. Hoy, la situación se complica aún más con la noticia de que la empresa estaría negociando la venta de parte del contrato u operación a una compañía mexicana, lo que añade incertidumbre a un proceso ya debilitado.

Mientras tanto, Cartagena sigue padeciendo un aeropuerto insuficiente, encaramado sobre barrios residenciales y sin cumplir las expectativas de una ciudad que recibe millones de visitantes cada año. La falta de decisiones del gobierno central mantiene paralizado el proyecto de un nuevo aeropuerto, diseñado para responder a las verdaderas necesidades de la ciudad.

Es hora de actuar. La Agencia Nacional de Infraestructura, el Ministerio de Transporte y la Aeronáutica Civil deben intervenir con urgencia. Cartagena no puede seguir atrapada en la improvisación ni en la opacidad. La ciudad merece un aeropuerto moderno, seguro y digno de su condición de capital turística.
La hora de las decisiones ha llegado. La incertidumbre debe terminar. Cartagena exige claridad, compromiso y acción inmediata.

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