En tiempos en que algunos creen que gobernar es una tarea sencilla, conviene recordar que la administración pública exige preparación, conocimiento y vocación de servicio. No se trata de improvisar ni de asumir que cualquiera puede conducir los destinos de una ciudad como Cartagena. La experiencia demuestra que dirigir un gobierno implica responsabilidad, disciplina y un profundo compromiso con la ciudadanía.
La ciudad no puede volver a elegir alcaldes que desconozcan la administración pública, que carezcan de la capacidad de ejecutar proyectos y que no comprendan que gobernar es servir. Cartagena necesita líderes que entiendan que la gestión pública es un trabajo útil, orientado al bienestar colectivo, y no un espacio para la vanidad o la improvisación. La elección de quienes guían el rumbo de la ciudad debe ser un acto consciente y responsable.
La tarea de enrutar a Cartagena hacia el desarrollo corresponde a quienes tienen la capacidad, la preparación y la visión de futuro. No es un oficio para todo el mundo, sino para quienes saben que gobernar implica construir confianza, garantizar transparencia y trabajar con ética. La ciudadanía debe valorar estas cualidades al momento de decidir, porque de ellas depende el progreso y la estabilidad de la ciudad.
Lo que tranquiliza, en medio de las tensiones políticas, es la madurez de los cartageneros. La gente sabe distinguir entre una crítica hecha por interés, por egoísmo o por resentimiento, y aquella que nace de la preocupación genuina por el destino de la ciudad. Esa capacidad de discernimiento es un activo democrático que fortalece la participación y la vigilancia ciudadana.
Cartagena merece gobernantes que inspiren confianza y que respondan con hechos, no con discursos vacíos. La ciudad necesita líderes que comprendan que la administración pública es servicio, ética y trabajo útil. En esta Semana Santa de reflexión, el llamado es claro: elegir con responsabilidad, porque el futuro de Cartagena no puede quedar en manos de quienes no saben gobernar.
¡Que quede claro: obras son amores!

