La visita realizada por el alcalde de Cartagena, el gobernador de Bolívar y las autoridades de Dimar y Cardique a la desembocadura del Canal del Dique dejó al descubierto una realidad que no puede ser ignorada: el río está buscando nuevas salidas hacia la Bahía de Cartagena y ya ha abierto un boquete de más de 50 metros de ancho y casi 200 metros de largo en dirección a la zona industrial de Mamonal.
El hallazgo, comunicado de inmediato a la ciudadanía, a la industria y al Gobierno Nacional, pone en evidencia un riesgo que trasciende lo ambiental. La navegabilidad de los muelles, la operación de empresas estratégicas y la competitividad portuaria de la ciudad están en juego. No se trata de un fenómeno aislado: la historia del Canal del Dique registra múltiples desembocaduras —Matunilla, Lequerica, el Estero, Pasacaballos—, pero esta nueva ruptura no estaba prevista en los estudios ni en los planes vigentes.
La urgencia es clara. Cartagena no puede permitirse que la inacción convierta esta alerta en crisis. El contrato existente para el manejo integral del Canal del Dique debe reactivarse sin dilaciones, y las medidas técnicas de contención y recuperación deben ponerse en marcha de inmediato. La ciudad y el país dependen de que se garantice la estabilidad de la bahía, el funcionamiento de la industria y la seguridad de las comunidades que habitan sus alrededores.
El llamado de las autoridades es también un llamado a la responsabilidad colectiva. El Canal del Dique ha sido históricamente una fuente de riqueza y de riesgo; hoy exige decisiones firmes y rápidas. Cartagena no puede esperar: la competitividad, la seguridad y el futuro de la ciudad están en juego.

