En tiempos donde la política suele reducirse al ruido de las redes sociales o a la confrontación permanente, los datos —cuando son serios— terminan siendo el mejor termómetro de la realidad. La reciente medición realizada por el Centro Nacional de Consultoría (CNC), basada en 910 encuestas presenciales con un margen de error inferior al 4% y un nivel de confianza del 95%, ofrece una radiografía interesante del momento que vive Cartagena en relación con la opinión de los cartageneros, los resultados de la indagación del CNC, los indicadores de gestión etc.

Y lo primero que muestran los números es algo que no siempre es común en la política local: una coincidencia significativa entre percepción ciudadana y ejecución de gobierno. No se trata únicamente de simpatía política o de narrativa institucional; se trata de una opinión respaldada por resultados tangibles en la ciudad.

El dato más contundente es que el 75,6% de los cartageneros considera que la ciudad va por buen camino, mientras apenas el 18,1% cree lo contrario. Este tipo de indicadores no surge de manera espontánea. La confianza colectiva suele aparecer cuando los ciudadanos comienzan a percibir cambios concretos en su entorno: vías que se recuperan, parques que se intervienen, escenarios deportivos que se construyen, colegios que se modernizan o proyectos urbanos que vuelven a poner en movimiento a una ciudad que durante años sufrió parálisis administrativa.

La encuesta confirma precisamente esa percepción. Cuando se pregunta por las razones que explican el optimismo sobre Cartagena, la principal respuesta es la ejecución de obras de infraestructura (31,9%), seguida por la buena administración y el equipo de gobierno (26,8%) y la recuperación de la malla vial (20,5%). Es decir, la ciudadanía no está evaluando discursos: está evaluando obra pública.

Esto explica también el nivel de respaldo que registra el alcalde. El 83,3% de los encuestados afirma tener una imagen positiva de Dumek Turbay, mientras solo el 11,1% expresa una percepción negativa. Más revelador aún es el tipo de calificativos que los ciudadanos asocian con su gestión: “buen gestor”, “progreso”, “trabajador” y “responsable” aparecen entre las primeras palabras que vienen a la mente cuando se menciona su nombre.

En un país donde la confianza en los gobernantes suele ser frágil, estos indicadores sugieren algo importante: la administración actual ha logrado instalar la idea de un gobierno que ejecuta y que tiene dirección.

Uno de los campos donde esta situación que se plantea es más fuerte es el deporte y el espacio público. La encuesta muestra que el 83,9% de los ciudadanos cree que la administración está construyendo suficiente infraestructura deportiva, y el 80,5% considera que existe apoyo institucional a la práctica deportiva. Este dato no es menor en una ciudad como Cartagena, donde el deporte —especialmente el béisbol, el fútbol y otras disciplinas populares— ha sido históricamente un instrumento de cohesión social, identidad cultural y oportunidades para los jóvenes.

Lo mismo ocurre con la movilidad. El 61,3% de los ciudadanos percibe mejoras en el tránsito gracias a los planes de rehabilitación de vías y modernización del sistema semafórico. Durante décadas, la malla vial deteriorada fue uno de los símbolos más visibles del abandono institucional. Cuando una administración decide enfrentar ese problema de manera frontal, inevitablemente empieza a cambiar también la percepción de la ciudad.

Sin embargo, ningún gobierno puede escapar a la realidad de Cartagena: la seguridad sigue siendo el principal desafío estructural. La encuesta es clara en este punto. El 63,6% de los ciudadanos identifica la inseguridad como el mayor problema de la ciudad. Los atracos, los robos y la delincuencia común aparecen como las principales preocupaciones ciudadanas.

Pero incluso en este tema los datos revelan un matiz importante. Aunque la inseguridad preocupa, el 70,4% de los ciudadanos reconoce que la Alcaldía está trabajando para mejorar las condiciones de seguridad, y el 65,9% considera favorable la participación de la Infantería de Marina en los operativos con la Policía. Esto significa que, aunque el problema persiste, existe una percepción de acción institucional.

En materia de salud, la percepción también refleja un contexto nacional complejo. El 60,1% de los ciudadanos considera que la Alcaldía está trabajando para mitigar desde lo local la crisis del sistema de salud, aunque persisten inconformidades con los tiempos de atención y las citas con especialistas.

Es decir, el diagnóstico ciudadano es relativamente equilibrado: reconoce avances, pero también identifica retos.

Y eso es precisamente lo que debería producir una encuesta seria: un mapa de legitimidad, pero también de prioridades.

El reto hacia adelante para la administración de Dumek Turbay no es únicamente mantener los niveles de aprobación que hoy registra. El verdadero desafío es transformar esa confianza en cambios estructurales que consoliden una Cartagena más segura, más competitiva y más equitativa.

Las ciudades no se transforman en un solo periodo de gobierno. Pero sí hay momentos en los que comienzan a moverse en la dirección correcta. Los datos de esta medición sugieren que Cartagena podría estar atravesando uno de esos momentos.

Si la administración logra profundizar la inversión en infraestructura, fortalecer la seguridad urbana, ampliar las oportunidades para los jóvenes y sostener una gestión pública con resultados visibles, es posible que esta percepción positiva no sea solo una fotografía de coyuntura, sino el inicio de un ciclo de transformación más largo.

Porque al final, la verdadera legitimidad de un gobierno no se mide en los discursos ni en las redes sociales.

Se mide en algo mucho más simple y más difícil al mismo tiempo: la sensación colectiva de que la ciudad, por fin, está avanzando.

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