Poco a poco, la ciudadanía cartagenera empieza a reconocer y agradecer los cambios que se consolidan en la ciudad. Las obras que antes parecían lejanas o imposibles hoy son realidades palpables que mejoran la vida diaria de miles de personas. La movilidad, los servicios de salud, la educación y los espacios culturales se convierten en símbolos de progreso y en testimonios de una gestión que responde a las necesidades colectivas.
Las nuevas vías, que reducen tiempos de traslado y acercan comunidades, son celebradas por los ciudadanos. No se trata solo de cemento y asfalto: son soluciones que facilitan llegar más rápido al colegio, al trabajo o al centro comercial, que permiten ahorrar tiempo en gestiones cotidianas y que generan un sentimiento de orgullo compartido. La gente lo reconoce, lo valora y lo expresa con espontaneidad, incluso a través de videos y mensajes que circulan en redes sociales.
A la par de estas obras de infraestructura, Cartagena avanza en servicios esenciales. El colegio bilingüe, los hospitales en Canapote y Mandela, y la próxima plaza de variedades en Chambacú son hitos que consolidan una ciudad más moderna, inclusiva y preparada para los retos del futuro. Cada proyecto es una pieza que suma al gran mosaico de transformación urbana y social.
Hoy, Cartagena se mira a sí misma con optimismo. La ciudadanía interioriza los cambios, los agradece y los convierte en motivo de orgullo. Lo que antes era un anhelo colectivo, ahora es una realidad que se construye con calidad y rapidez. Y lo mejor está por venir: nuevas obras, nuevos espacios y nuevas oportunidades que seguirán fortaleciendo el bienestar y la confianza de todos.
Cartagena avanza, y con ella avanza la esperanza de una ciudad que se transforma para el beneficio de su gente.

