La entrada en servicio de los coches de tracción eléctrica y la retirada definitiva de los coches de caballos en Cartagena no es un simple cambio de transporte: es un acto de justicia histórica. Durante décadas, la ciudad fue testigo de escenas dolorosas en las que animales exhaustos se desplomaban en plena vía pública, víctimas de jornadas interminables, hambre y descuido. Ese espectáculo indigno conmovió a ciudadanos, visitantes y al país entero, convirtiéndose en símbolo de lo que no debía repetirse jamás.

Hoy, Cartagena se suma a una tendencia mundial que coloca la vida y la dignidad de los animales por encima de intereses particulares. Las leyes, las sentencias y las políticas públicas avanzan en la misma dirección: proteger y respetar a los seres vivos, sancionar el maltrato y construir sociedades más humanas.

La administración local ha entendido este mandato y lo ha asumido con firmeza, aun frente a la resistencia de quienes se beneficiaron durante años de un negocio cimentado en el sufrimiento animal.
Resulta absurdo que ahora, cuando el cambio es irreversible y celebrado por la ciudadanía, algunos cocheros pretendan victimizarse, alegando arbitrariedad y falta de consulta. La realidad es clara: tuvieron la oportunidad de participar en la transición hacia los nuevos coches eléctricos y la rechazaron. Hoy, su oposición no es más que un intento de sabotear un proceso que representa progreso, modernidad y respeto.

La pandemia nos dejó una lección: la vida está por encima de cualquier interés económico. Ese es el mandato que debe guiar al alcalde y al gobierno local. Cartagena no puede retroceder. La protección animal es un compromiso ético y político que trasciende fronteras, observado con atención por otros países que ven en nuestra ciudad un ejemplo de transformación.
La ciudadanía debe pronunciarse con firmeza: el tiempo del maltrato terminó. Los caballos descansan, la dignidad se impone. Cartagena avanza hacia un futuro donde la modernidad se mide en respeto y justicia.

¡Adelante alcalde, esto no lo devuelve nadie!

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