Cartagena no solo recibe el Año Nuevo, lo celebra con una fuerza que estremece y contagia. La ciudad se vistió de fiesta, de color y de alegría, y se convierte en un escenario que nada tiene que envidiarle a los grandes referentes mundiales. Lo que aquí se vivió no es simplemente una celebración: es un espectáculo que reafirma el prestigio de Cartagena como capital turística y cultural de América.
Creemos que hay que decirlo con firmeza, sin reservas y con orgullo: Cartagena se ha ganado un lugar de privilegio en las celebraciones de fin de año a nivel mundial. Lo que vivimos anoche en la ciudad no tiene nada que envidiarle a Times Square en Nueva York, ni a los espectáculos de Australia o China. Miles de voces lo repetían con tranquilidad y convicción: “Lo de Cartagena es más bonito, más cálido, más nuestro.”
La magnitud de la multitud en el Centro Histórico fue indescriptible. Una masa de alegría, de colorido, de música y de fiesta que convirtió a la ciudad en un escenario único. Era imposible calcular la cantidad de personas, porque cada calle, cada plaza, cada rincón estaba lleno de vida.
Cartagena ha recuperado su brillo, su esplendor y, sobre todo, su prestigio como referente internacional del turismo. Hoy, quien piensa en un plan de fin de año, coloca a Cartagena en su lista de primeras opciones. Y no es casualidad: lo que se está viendo aquí es sencillamente espectacular.
La vara está alta, y no se puede bajar. La ciudad ha tirado el ancla en el puerto de las grandes celebraciones y debe mantenerse firme para que cada año sea mejor, más impactante, más inolvidable.
Cartagena vuelve a ocupar el lugar de excepción que siempre tuvo: el gran referente americano de la cultura, la fiesta, la alegría y la armonía. Un lugar donde la felicidad se celebra a cielo abierto y donde cada visitante se lleva en la memoria un recuerdo imborrable.
Cartagena ha demostrado que su fiesta de fin de año no es solo un evento, sino una declaración de identidad y prestigio. La ciudad ha recuperado su lugar de privilegio en el mapa mundial de las celebraciones, y lo ha hecho con la fuerza de su gente, con la alegría de su cultura y con el esplendor de su historia.

