Por Danilo Contreras
Frente a la embestida violenta que ahoga a la ciudad en sicariatos cotidianos, causa verdadera tristeza el irracional espectáculo de lideres políticos y de opinión que hacen de esta tragedia una especie de botín en los que los unos indilgan la culpa a los otros, mientras el crimen y sus beneficiarios prosperan.
Sin caer en la ingenuidad de creer que la conflictividad que es connatural a toda sociedad deba desaparecer, valdría un poco de sentido común para entender que si no superamos como comunidad el desafío descomunal que los bandidos le han planteado a Cartagena, no va a haber ciudad que gobernar en el futuro, ni para los que están en el poder ni para los que quieren arribar al Palacio de la Aduana.
Entonces, con fundamento en tal premisa, me parece que todos los puntos de vista (sensatos, así estén en orillas ideológicas opuestas) que sirvan para entender las causas profundas que producen esta guerra repudiable que arrincona a los cartageneros, en mayor medida a nuestra juventud, deben tener expresión en espacios que permitan construir una política pública contra la delincuencia que trascienda los gobiernos de un bando o del otro.
Ese debate no existe; por el contrario, observo que se menosprecia el análisis de los expertos, de la ciencia y la observación de buenas practicas que han dado resultados en otras ciudades o países para contener el crimen y lograr sociedades con una aceptable convivencia.
Esto no es carreta y para probarlo comento un caso del que he sido testigo hace unos años.
Sin duda una de las experiencias más valiosas de la ciudad en relación con la provisión de información y análisis de los fenómenos de delincuencia en Cartagena ha sido el Centro de Observación y Seguimiento del Delito – Cosed, una iniciativa generosa y rigurosa emprendida hace lustros por el profesor Fredi Goyeneche González. Sin embargo, por razones que no es del caso mencionar en este breve espacio, este programa ha sido objeto de apoyos exiguos, cuando no de bloqueos, por parte de varias administraciones; al punto que hace un par de años o más, el profe Goyeneche ha tenido que instaurar acciones de tutela contra autoridades como la Alcaldía Distrital o la Policía Metropolitana a efectos de proteger su derecho constitucional de petición y así lograr que se suministren al Cosed los datos que son indispensables para ejercer su loable labor.
A fecha de hoy no conozco cual es la suerte del Cosed pues hace un buen tiempo no converso con el profesor Goyeneche y no veo que sus análisis estén siendo usados en esta terrible coyuntura.
Se sabe que la irrupción incontenible del sicariato es producto del auge del gran narcotráfico nacional e internacional, pero nadie nos informa cuales son las características de ese fenómeno relativamente reciente en la ciudad. La información adecuada a la ciudadanía es ya un elemento estratégico de la lucha contra el crimen.
En necesario entender que además de las medidas conocidas como el aumento de pie de fuerza con el apoyo de nuevas tecnologías, es preciso trabajar sobre el conocimiento de las causas culturales, económicas y sociales que hacen que nuestro pelaos, que son en mayoría la presa apetecible de la delincuencia, se conviertan en asesinos sin piedad.
No dudo que una cultura traqueta, que no solo detentan (y ostentan) los capos de la droga, sino por muchos otros estamentos sociales, se cierne desde hace décadas sobre el país y la ciudad, insensibilizando a la gente al punto de despreciar la vida, bien sea cegándola, ora justificando pasivamente la violencia con frases que incluso se toman con mal entendido humor, como aquella que azuza la justicia por propia mano con la popularizada como “palo terapia con el bandido”.
Las soluciones, evidentemente, no serán mágicas, pero si como sociedad nos proponemos un poco de decencia y humanidad, en un tiempo nuestros hijos podrán disfrutar la relativa tranquilidad que muchos gozamos cuando jóvenes.

