Por: Luis Adolfo Payares
Las redes sociales de Cartagena han sido testigo en los últimos días de un fenómeno inusual. La polémica en torno al alcalde Dumek Turbay y la figura de “Doña Toche” —una turista cuyo caso parece condensar quejas acumuladas sobre los precios y servicios turísticos de la ciudad— ha derivado en una verdadera tormenta digital. Lo que comenzó como una crítica específica se ha transformado en un mar de opiniones negativas, potenciadas por la intervención de perfiles falsos que atacan a la denunciante, que a la larga lo que hacen es exacerbar el conflicto.
Un análisis detallado de las métricas en redes muestra que, aunque el alcalde acumula menciones, el 100% de éstas son negativas, concentradas en su mayoría en la plataforma X (antes Twitter). Pero, detrás de estas interacciones, se esconde una estrategia evidentemente improvisada de manipulación digital: numerosos perfiles falsos, aparentemente creados por aficionados, han sido detectados a través de un software de análisis. Estas cuentas, lejos de tener una estructura sólida de protección como una “telaraña” para ocultar su origen, muestran claras fallas en su creación, dejando rastros evidentes que facilitan su identificación.

- Número de perfiles falsos detectados en el conflicto digital con Doña Toche.
La facilidad con que se ha detectado esta red de cuentas apócrifas plantea una preocupación seria: si bien la crítica legítima puede y debe tener su espacio, el uso de perfiles falsos para inflar el rechazo es una práctica que distorsiona la percepción pública y reduce la posibilidad de un debate auténtico. Esto también habla de una falta de sofisticación en quienes buscan crear ruido digital en torno a la imagen del alcalde: una estrategia amateur que, en su intento por desprestigiar, termina siendo poco más que ruido vacío, y origina el efecto contrario.
Sin embargo, el impacto social de esta situación es real. El aumento del alcance fuera de las redes sociales, con más de 260 mil personas expuestas a la controversia, refleja la capacidad de esta historia para despertar la indignación del público y de los medios, trascendiendo el entorno digital y tocando fibras sociales profundas. La narrativa de “Doña Toche” parece sintetizar el malestar acumulado en torno a los costos del turismo y las experiencias de visitantes en Cartagena, y revela la necesidad de ajustes en la política turística de la ciudad.
El alcalde Turbay enfrenta un desafío importante: no solo debe responder a la crítica pública, sino también demostrar que su administración es capaz de escuchar y resolver problemas legítimos. Su equipo de comunicación, por su parte, debe sortear la delgada línea entre desmentir cuentas falsas sin caer en la trampa de darles mayor visibilidad y, a la vez, atender las quejas auténticas de manera oportuna y sincera.
Esta situación recuerda que el poder de las redes sociales no radica solo en el volumen de interacciones, sino en la calidad del mensaje y su autenticidad. En lugar de quedarse en la defensa o en la contención del daño, Turbay tiene la oportunidad de convertir esta crisis en un punto de inflexión, usando el caso de “Doña Toche” como un llamado a fortalecer la imagen de Cartagena y responder con medidas concretas que mejoren la experiencia turística y generen un impacto positivo para locales y visitantes.

