Por Dagoberto Miranda
En el mundo hay más de 4780 especies de sapos y ranas y 353 especies de loros. En Cartagena florece en estos días una extraña especie mezcla de sapo y loro que deambula subrepticiamente por el inframundo de la mondadera y la lambonería, en busca de cualquier esquirlita que no le caería nada mal a sus exhaustos bolsillos.
Repiten como el loro cuanta tontería escuchan y sapean a los dirigentes con su larga lengua enrollada, todo con una finalidad: que los crean grandes opinadores, conocedores y aportantes al cambio. Al final firman sus bobadas con un nombre lapidario: “Columnista”.
Llevan dos años, desde que inició este gobierno, recomendando que se haga lo que se está haciendo, profetizando desastres en la contratación que nunca ocurren, que se planee lo que está planeado y asegurando sin rubor que llevan años contribuyendo al desarrollo de la ciudad con su sarta de bobadas.
Se creen los grandes pensadores explicando que: Socialismo es sumar 10 más cuatro y dividir por dos. O calculando cuantos niños pueden desayunar con la iluminación que producen 10 bombillos y cuantas becas se podrían pagar con el pesebre de la bahía de las ánimas. Reflexiones de las que el mismo Perogrullo se burlaría y con una profundidad lógica y filosófica que asombrarían al mismo Aristóteles si resucitara.

Es obvio que estaban acostumbrados a medrar en la ineptitud y la mediocridad, aprovechando que en casa de ciegos el tuerto es rey y que los despalomados gobernantes de turno, se extasiaban con sus diagnósticos de peluquería y su erudición de ignorantes. “Es que hay que hacer desarrollo social y no obras de infraestructura”, decían con tono inspirado y miraban con altivez al auditorio, como si acabaran de expresar una sentencia prodigiosa.
La verdad es que nunca han comprendido un balance del Banco de La República, ni una gráfica del DANE y por eso confunden la gimnasia con la magnesia y la matemática con la matica de tomates: “Es que no puede haber brillo, mientras no haya tejido social y haya hambre”, decía otro y repetía la otra, haciendo de ventrílocuo del loro. Hay que ser muy menso o muy torpe, para hacer correlaciones tan desafortunadas y obviar verdades de a puño, que hoy en día hasta los menos ilustrados entienden.
Acaban de completar dos años en esa tarea bobalicona de negar lo innegable y de pretender que porque ellos repiten y repiten las mismas catilinarias fastidiosas y ponen los mismos ejemplos intrascendentes, la ciudad y su dirigencia no están dando pasos en la dirección correcta y con objetivos concretos.
Ya está bueno de pretender importancia e impacto a base de comentarios, escritos y opiniones trasnochadas y que ya a nadie impresionan. El plan de la ciudad va por el camino correcto y lo que haya que corregir se corregirá. Acepten que por fin hay un gobierno que está trabajando con seriedad, eficiencia, eficacia y pensando en la ciudad: Dejen de quedar como los tontos del paseo.

