Por Rubén Rodríguez García

La ansiedad de Dau por los like y un bajonazo en su imagen que ahora mismo no le es nada favorable en las últimas encuestas se han convertido en el detonante para que el mandatario motivado por el desespero comience a contrariarse en sus decisiones y evidencie que la desorientación es total en su administración, que se carece de un norte y que la embarcación ahora mismo hace agua por todos lados.

Recientemente el alcalde mayor de la ciudad determinó que era prudente no salir a marchar y sugería igualmente a los cartageneros que se abstuvieran de asistir a las protestas. Llegado el día, el mandatario sucumbió ante una multitud de cartageneros que, la verdad no pedían su presencia, sin embargo, él vio la oportunidad para mostrarse y pretender unos cuantos like y subir en las encuestas con una ‘cara amable’ que muy pocos le creen porque la ciudad está sumergida en el completo abandono.

Esto motivó la más reciente investigación de la Procuraduría contra el mandatario considerando que contrariaba la determinación del Tribunal Administrativo de Cundinamarca y que se la pasaba por la faja. Argumenta el mandatario en su defensa que con el acompañamiento busca que no les pase nada a los marchantes y que la Fuerza Pública se abstenga de promover algún ataque en su contra.

Y para infortunio del mandatario vuelve a salir a flote otra de las tantas contradicciones que lo dejaron mal parado esta semana y que dejan en el balance un pésimo manejo de la crisis en la ciudad. Ante un trino del expresidente Álvaro Úribe que ya desapareció por obra y gracia de las directivas de la red social Twitter, en el que, al parecer invitaba a la Policía y al Ejército a disparar, el alcalde manifestó que no estaba de acuerdo y que jamás de los jamases haría algo así porque no tenía sentido ni razón.

Solo unos días después cuando el escupitajo volaba en los aires le cayó en la cabeza al alcalde. Los jóvenes estudiantes de la Universidad de Cartagena protestaban en la Plaza de la Paz y cuando, según él, amenazaron con derrumbar la estatua, de don Pedro de Heredia, ordenó al Escuadrón Móvil Antidisturbios para que llegara a dispersar la protesta. Y desde el baluarte ubicado al lado de la Torre del Reloj, el comandante de la Fuerza Pública de la ciudad observaba la manera como su policía atendía sus órdenes.

Las contrariedades y las faltas de decisiones claras y precisas en esta administración siguen siendo el gran nubarrón que no se aparta del Palacio de La Aduana. Y lo que es peor, cada vez que se intenta dar respuesta a uno de los innumerables problemas que agobia a la ciudad, esto parece que empeora y da origen a más situaciones adversas. Los funcionarios que se han ido del gabinete y los que están por irse han avizorado esta situación e inteligentemente se despiden de Dau con lacónicas cartas y frases que se repiten una y otra vez.

Pero continuando con el tema que nos atañe que es de las contrariedades del alcalde, dejamos abierta la inquietud de qué tanto Dau se ha preocupado por aquellos jóvenes universitarios que fueron un motor de apoyo muy importante para su campaña. Existe hoy algún programa especial desde la alcaldía para respaldar sus estudios o promover las oportunidades laborales para estos muchachos que creyeron que con él iba a cambiar la ciudad.

La respuesta para estos jóvenes como para muchos de los problemas que hoy vive la ciudad es que no hay nada. Salvo eso si, que los cartageneros ya han ido aprendiendo que la contrariedad y el show mediático son la base fundamental de una persona que hoy no ha entendido la importancia de lo que significa ser el alcalde de Cartagena.

La expectativa queda abierta por lo que pueda ocurrir con esta nueva investigación de la Procuraduría en contra del alcalde; sin embargo, si algo está claro, luego de año y cinco meses, es que en Cartagena no pasara nada. Y la dinámica ha demostrado que si pasa, es porque esto tiende a empeorar.

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