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¡Dau, el sepulturero de Cartagena y su gente!

Salir de la encrucijada en la que se encuentra la ciudad va a costar un verdadero esfuerzo por parte de los cartageneros. La ciudad tendrá que unirse y elegir bien en procura de gestar la nueva versión de la independencia de una administración que comenzó con festejos y voladores y, año y medio después, ha sumido a Cartagena en cientos de problemas que la agobian, que la tienen arrinconada y contra las cuerdas. Dau ha pasado de la euforia del triunfo a la realidad que marca la decepción.

Cartagena vive hoy un nuevo sitio. Un nuevo pacificador que se la pasa diciendo: ‘Tú papá te quiere’, se pasea hoy por una ciudad que está sumida en el abandono. La Heroica está completamente destruida. La apocalíptica situación que afronta la ciudad trasciende las fronteras y lleva a que, concejales de otras latitudes se pronuncien, exigiendo una clara respuesta a temas como la protección de los animales, por ejemplo.

La ciudad carece de una política pública que marque un norte y defina de una vez por todas para dónde vamos. No hay nada claro en esta administración en donde todos aportan su grano de arena para hacerla más inservible y menos diligente. La ciudad clama a gritos soluciones y respuestas.

Lo único que se recibe como respuesta siempre es una retórica barata que durante año y medio ha ido cavando la tumba en la que tarde o temprano será enterrada la ciudad. A lo anterior se le van sumando, como si fuera poco, las víctimas de la pandemia que han sucumbido principalmente por la falta de medidas efectivas. Hoy ya son más de 1.900 las personas que han muerto por cuenta del Covid19.

Cartagena hoy está sitiada por la inseguridad; por la falta de movilidad; por una malla vial completamente acabada; por planes y megaproyectos que avanzan muy lentamente o que, en el peor de los casos, están paralizados. La poca gestión que se adelanta ante los entes nacionales deja al desnudo a esta administración que no ha logrado concretar un solo proyecto a su favor y que logre pasar a la historia y ser recordado como el mandatario que efectivamente le hizo la guerra a la corrupción y a los malandrines.

Sin embargo, estos íconos que han sido representativos en sus intervenciones se han ido derrumbando porque no ha logrado cazar con sus palabras y juicios a alguno de ellos para evidenciar que lo que dice es cierto. El discurso se le ha caído y su imagen se desvanece a tal punto que son muy pocos los cartageneros que le siguen comiendo cuento.

El desespero es total. La ciudadanía reclama a gritos respuestas. La ciudad no sabe qué hacer frente la versión de un nuevo pacificador que considera que tiene patente para hacer lo que le venga en gana sin que nadie pueda hacer o decirle nada. A la distancia, los entes de control parece que le hicieran el juego a todo lo que decide o hace. Cada día que pasa la ciudad está más devastada. Nada funciona. Nadie quien dependa de Dau hace la tarea como debe ser.

Dau anunció con bombos y platillos que 2021 sería el año de concretar las obras de su administración. Ha corrido ya año y medio y aún no se concreta ninguna de estas acciones: malla vial; centros de salud; playetas; el colegio San Felipe Neri y la solución para los huecos y rejillas en el centro. De esto, lo único que se sabe, es que la administración está perdida en los vericuetos que exige la administración pública para lograr arrancar. En esto ha quedado la administración, en las buenas intenciones que no conducen realmente a nada.

La esperanza en 1815 era poder salir de ese sitio y esa encrucijada en la que se encontraba la ciudad. Los nativos, en medio del desespero, llegaron incluso a pensar en bombardear la plaza principal. Hoy, los cartageneros aguardan que cuanto antes podamos salir de esta pesadilla que se asemeja a un nuevo sitio y que se encuentre la salida a un laberinto en el que nos han ido metiendo y a punta de un discurso mesiánico con poco sustento se aprovechan para sacar el mayor rédito político y proyectar su movimiento.

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