Por Rubén Darío Rodríguez

Todo en la administración Dau parece libreteado. Como si fuera sacado de una de esas famosas producciones de los 80s de la escritora cubana Delia Fiallo quien me hace recordar que mantenía embobados a los colombianos y, a más de una ama de casa, se le quemaba el arroz viendo lo que podía pasar con los protagonistas. Todo parecía ser tan predecible que terminaba pasando lo que el televidente anhelaba que pasara.

Lo de aquellos novelones no dista mucho de lo que pasa hoy con la administración distrital. Unos pésimos actores que logran despertar en aquellos seguidores de redes sentimientos encontrados de euforia, amor, pasión, de angustia y dolor. Bodegueros que defienden, hasta amenazar de muerte a quien se meta con aquellos protagonistas. Juegan con ellos a su antojo y son seguidores de un novelón que cada día hunde más la ciudad en una fosa sin fondo. Cada capítulo es peor que el anterior.

La más reciente producción de la administración, ‘Cynthia la del barrio’, en su capítulo actual dejó ver que desde el más recóndito rincón de la ciudad, la protagonista envió un mensaje a la justicia diciendo que de todo lo que se le acusa es inocente. No contaba con la tecnología donde conectarse para darle la cara a la justicia. Pésimo libreto este, el de la exprimera dama, que trata en todo momento de despertar en los seguidores ese Síndrome de Cenicienta y la necesidad de querer salir adelante; sin embargo, en el fondo todos saben que aquellas malandrinadas son inocultables. Y esta sombra seguirá al alcalde Dau hasta el final, hasta que la Fiscalía determine la responsabilidad de Cynthia. Ya fue imputada y la cosa no pinta nada bien para ella.

Otra de las pésimas producciones que hemos visto recientemente es la de Una muchacha llamada Lidy’. Y si el anterior libreto era malo, este es peor. Una joven que, según cuenta el libreto, viene de la población ribereña de Magangué de hacer una serie de travesuras y picardías. Cargada de anhelos y sueños llega a Cartagena buscando abrirse paso a codazos entre la multitud y con uno que otro acto de supuesta corrupción en una administración que se precia de ser anticorruptible.

La zarina anticorrupción de Dau, resultó estar inmersa en escándalos de corrupción, de hechos que la dejan muy mal parada y sin, embargo, asume como suya, por ejemplo, la lucha de los peajes y sale a las redes haciendo Envivos donde hace señalamientos y quiere dar lecciones de lucha contra la corrupción. Otro libreto que parece solo gustar a quienes siguen al mandatario distrital y quienes se han declarado seguidores de la señora Lidy Ramírez. Y aún no concluye esta producción en la que ya se conoce el final. La protagonista sueña con llegar a ser poderosa y manejar todo a su antojo. Soñar, en estos casos le costará, y bastante.

Y finalmente, llegamos a una novela que ha dejado entrever que el protagonista es un pésimo actor. La producción se llama Mi gran Anhelo es quitar los peajes. Cuatro semanas cumple este novelón en el que los cartageneros han decidido no pagar más los peajes y un alcalde que ha dicho desde el principio de su campaña que los quitará. El mandatario ha llegado hasta ebrio a los peajes a protagonizar capítulos de este novelón en el que aún no se ve luz al final del túnel y en el que terminó reconociendo que hay una concesión que no dará el brazo a torcer tan fácilmente para decir que luego de una, según él, excelente negociación logró que unos vehículos no pagaran y otros siguieran cancelándolos.

Ocho días tendrá el protagonista para resolver esta situación que no conoce fin por ahora y que hasta el momento la concesión le ha demostrado que esto no se juega con alharaca ni con llamados a la desobediencia. Esto es serio y de por medio hay actuaciones legales y serias para ponerse a jugar. Y a este capítulo se le adiciona uno más interesante que aún no resuelve y es el de la Quinta Avenida y la ampliación del Corredor Portuaria.

Apenas son tres novelones de los múltiples que se escenifican diariamente en una administración que no parece tener claro lo que va a hacer de cara al futuro de la ciudad y anda dando palos de ciego tratando de encontrar la salida del laberinto. La cubana Delia Fiallo muy seguramente habría encontrado los ingredientes perfectos en esta administración para seguir cargando de éxitos esa carrera que la llevó a ser considerada la  “madre de telenovela latinoamericana”.

El novelón de Dau no concluye y más de uno se está agotando de aquellas escenas en las que no asume con responsabilidad los hechos de la ciudad; en las que busca a quién culpar; pero lo que es peor, que luego de año y dos meses, Cartagena parece que no arranca y está estancada. Los capítulos se han detenido y nos siguen presentando lo mismo.

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