Por: Luis Adolfo Payares Altamiranda

El libro de los proverbios, en el capítulo 28 reza lo siguiente: “El hombre pobre que roba a los pobres es como una lluvia torrencial que deja sin pan.” Paradójicamente leyendo esta sentencia, el día de ayer bajo la pertinaz y fuerte lluvia, a un joven, en uno de los barrios populares de la ciudad, exactamente en el barrio La María, lo despojaron de un morral donde llevaba quizás el sustento de su trabajo y el de su familia.
Lo que más me causó tristeza fue la indiferencia de los espectadores, que estaban viendo la escena, sin inmutarse, y quizás si el muchacho se hubiera defendido del feroz ataque, hubiera corrido peor suerte. Tanto el joven que ataca como los espectadores, son autores de este hecho delictivo, unos por acción y otros por indiferencia u omisión.

Se ha vuelto normal ver a jóvenes que salen en estos barrios, a pelearse tirándose piedras, incluso con machetes y armas de fuego, para imponer su ley bajo los fuertes aguaceros, algo que es un paisaje en la ciudad, donde los productores audiovisuales espontáneos se deleitan ante el espectáculo y añaden gritos como:”Erdaaa.. lo “pactió” marica…Erdaaa el vale está con una cipote de “coctá” en la cara..” Pilla allá va el “el randy” ese es cruel con el “volteo..” Frases cómo estás y otras se repiten en las redes, donde cada día los desprevenidos cibernautas, pueden observar cualquier cantidad de barbaridades, que se vuelven normales.

La indiferencia y la complicidad hacia lo que está mal, cada día se vuelve más común, donde aquellos que reclaman por este tipo de acciones, manifiestan con desmesurado desdén, que ”eso siempre ha pasado..” O eso es viejo..”

“La costumbre hace ley”, es otra de las inventivas de la gente, lo cual quiere decir que lo que se admite habitualmente llega a adquirir fuerza jurídica. Algunos, por su propia conveniencia, se aferran a lo que es costumbre, sin analizar si es justo o legítimo. Estamos abocados a vivir en el marasmo de la ilegalidad, a pesar de que el sentido común y la ley digan lo contrario.

La tarea que tiene el nuevo alcalde de Cartagena, a partir del próximo 1 de enero del 2024, será ardua, ya que en estos últimos 4 años lo que se ha incrementado es la división, la indiferencia, la conformidad, y sobre todo el sentido de pertenencia ha caído de manera alarmante, así lo dicen las cifras de la última encuesta de «Cartagena Como Vamos». Tratar de unirnos hacia un solo propósito de ciudad, no será nada fácil, pero tampoco es imposible. Lo único que debe hacer el nuevo alcalde, es mostrar AUTORIDAD, hacer cumplir la ley, la cual como dice el libro de proverbios: «Donde no hay visión el pueblo perece; mas el que guarda la ley, es bienaventurado.»

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