Un panorama preocupante y no muy claro es el que refleja a noviembre de 2022 el comportamiento de la contratación por parte de la administración Salvemos Juntos a Cartagena que se ejecutó en 2021 en cabeza del alcalde William Dau. La situación es crítica para la ciudad por cuanto los macroproyectos no dan muestras de avanzar, la contratación a dedo se disparó (en medio de un discurso anticorrupción de la administración) y es nula la inversión social para los cartageneros.
Para el Observatorio a la Transparencia en la Contratación Estatal de Funcicar está claro que la transparencia brilló por su ausencia en materia de contratación en la administración y esta fue atendida por capricho. Pese a que disminuyeron los contratos a dedo en esta vigencia, se dispararon las cuantías; es decir, como reza el adagio popular ‘la misma muñeca con diferente pollerón’.
Aclara Funcicar que la mayoría de los contratos de manera directa fueron de prestación de servicios, siendo estos, Alumbrado Público con la empresa EPM por $39 mil millones; Gestión Catastral con la Unidad de Catastro Distrital de Bogotá por $26 mil millones, y el contrato con la Arquidiócesis de Cartagena para Instituciones Educativas por $14 mil millones. Y es en este punto donde resalta Funcicar que, el 64% de los recursos contratados fueron adjudicados por contratación directa, el 16% a través de la Bolsa Mercantil, el 8% por la Tienda Virtual del Estado Colombiano y el 12% por otras modalidades.
«Definitivamente, la Alcaldía debe aumentar los procesos por modalidades competitivas, en general el promedio de proponentes (4.5) es bueno, pero 2 licitaciones en el 2021 es muy poquito. Planear los procesos es fundamental para no tercerizar los servicios que pudieron haberse celebrado directamente y que además se celebren y ejecuten dentro de la vigencia fiscal y no terminen celebrándose por otras modalidades no competitivas”, expresa Calderón.
Para la líder social Jaqueline Perea está claro que el estudio serio y riguroso de Funcicar permitió determinar el peligro que implica la contratación directa en cuanto al manejo de los recursos. «Eso de la contratación directa es como invitar a los demás a hacerse ricos con los recursos de la administración», precisó Perea.
¿Y LOS MACROPROYECTOS?
Cuando todos en Cartagena pensaban que los macroproyectos podrían avanzar en una administración que decía ser anticorruptiva, nos engañaron y hoy las grandes obras de la ciudad están paralizadas y atascadas. Los macroproyectos, según la líder Jaqueline Perea, se encuentran totalmente desfinanciados y los que no cuentan con los recursos carecen de estudios técnicos que puedan ser viables.
Así es que hoy drenajes pluviales o el malecón de la Ciéneaga de La Virgen, por ejemplo, no cuentan con los estudios técnicos que respalden la financiación. De otra parte, en el proyecto de la Protección Costera que avanza muy lentamente, ya le están tocando las puertas al Gobierno Nacional para que brinde el respaldo financiero que se requiere.
NADA DE INVERSIÓN SOCIAL
Finalmente, el problema más preocupante de la administración Dau es la carencia de una política pública de inversión social que le permita a la comunidad ver que el Distrito se proyecta en materia de vías o de obras. Las más recientes encuestas publicadas por el DANE en lo que se denomina Pulso Social se concluye que Cartagena es una ciudad inviable.
Asegura la encuesta que la mitad de su población aguanta hambre el doble de lo que soporta el país. Solo el 50,2% se consume las tres comidas diarias. El 94% no tiene mayores posibilidades de comprar ropa, zapatos, alimentos. El 64.7% afirmó que la situación económica actual de su hogar es “Peor” o “Mucho peor” que hace un año. El 95.2% afirmó sentirse inseguros y muy inseguros caminando su barrio de noche.
Estos indicadores fueron publicados por el DANE en lo que denominan Encuesta Pulso Social de 23 ciudades del país. En términos generales lo peores indicadores están en la Costa caribe y Pacífica. Pero Cartagena es la ciudad capital que peor le va en esta medición. Cada trimestre sale esta publicación.
Así las cosas lo que se avizora en lo que resta de la administración Dau no puede ser peor. La ciudad se hunde en un abismo en el que cuando se cree que se ha tocado fondo, le llegan peores y más profundos problemas que no son atendidos oportunamente por la administración. El cartagenero clama a Dios porque estos aciagos momentos que se vienen afrontando pasen rápidamente y se despeje el horizonte cuanto antes.


