Por Rodolfo Díaz Wright

Hace ya 18 meses y 24 días, desde aquel 2 de enero de 2021, cuando un grupo de ciudadanos decidimos hacer uso de nuestros derechos y comenzamos un fracasado proyecto de revocatoria del alcalde.

Cartagena no solo es una ciudad sin derechos, sino que cuando alguien pretende hacerlos valer, todo el mundo salta, como en la lata de cangrejos, o en el experimento de los monos y el plátano, desenterrado por el consultor Michalko, para impedir, de cualquier manera, que este logre su objetivo. Nos seduce la idea de que todos estén en el suelo y que nadie intente subirse a la cama.

Lugares comunes como el miedo a la interinidad y la falacia de dar espera al gobernante inútil, fueron algunos de los argumentos que envalentonaron a los dueños del poder, para sacar del sombrero los conejos de la audiencia inventada desde el CNE y los protocolos para la recolección de firmas, en medio de la pandemia, con que el ministerio de salud, por orden presidencial, bombardeó el proceso de revocatoria.

Hoy no podemos decir que tocamos fondo: no señor. Lo tocamos y estamos acostados en el, llorando y quejándonos de los resultados de nuestros momentos de debilidad e irracionalidad, cuando, primero: elegimos a un incompetente para el primer cargo del distrito y, segundo: nos les vinimos encima a quienes tuvieron la visión y la claridad para comprender que un personaje de este calibre, debía ser revocado ya que solo nos llevaría al desastre. Y que desastre.

Acostumbrados al camaleonismo inveterado  de nuestra ínclita ciudad, no extraña  ver como, los otrora defensores a ultranza del mandato del insólito personaje, hoy se voltean como el buñuelo y se convierten en los elocuentes analistas de la situación, organizadores de mesas y foros y ponentes de soluciones de todo y para todo, siempre con un ojo puesto en el presupuesto y el otro, en las elecciones venideras en las que, ingenuamente, ahora todos creen poder arroparse con la manta del cambio y del nuevo mapa político.

Solo hasta ahora y después de múltiples editoriales de defensa del gobierno estéril, son conscientes nuestros medios locales, del tamaño de nuestra desgracia: hasta hoy se dan cuenta del desastre de Transcaribe y el centro histórico, de la tragedia de la inseguridad y de la tragicomedia diaria del gobierno local y el concejo. Todavía se preguntan por qué hemos tenido más de 12 alcaldes en 10 años, por qué tenemos las peores cifras en casi todos los indicadores y los mismos proyectos estancados hace 30 años.

Los cartageneros también tenemos derechos: no es justo que el estrato 5 en Cartagena equivalga al estrato 3 de Bogotá y que afinia, tal como se decidiera desde Bogotá, nos esté cobrando los costos de la recuperación del desastre de Electricaribe. Para eso fue que elegimos 6 representantes y 5 senadores: para que desde este 21 de julio comiencen a pelear por los derechos de los cartageneros. El voto popular es el clásico “quid pro quo”: señor congresista, señor alcalde, señor presidente, votamos por usted a cambio de que garantice y haga respetar nuestros derechos.

Ahora solo falta que, en las próximas elecciones de alcalde, salgamos con otro chorro de babas.

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