Lo del caso de Cynthia Pérez Amador ya toca fondo y se pasa de cínica. Sus respuestas a las autoridades dejan entrever un tono burlesco como si se tratara de la réplica de su jefe en versión femenina. Una situación a la que le han restado importancia como queriendo decir que, en esta administración, se hace lo que se les da la gana por encima de quien sea y como sea.
Pero además retan y desafían, y nadie puede cuestionar o tildar dicho comportamiento, porque el único que tiene el dedo para señalar en la ciudad, quién es o no malandrín, es el alcalde mayor de Cartagena. Lo demás soporta una justificación en la que hasta algunos medios le hacen el juego y le sirven como comité de aplausos para sus respuestas y payasadas.
Lo que comenzó como una pequeña bolita de nieve, al momento en que la Contraloría Distrital le manifestó que posiblemente la señora Cynthia estaba incurso en un detrimento patrimonial, ha rodado sin freno alguno y ha crecido de una manera impresionante alimentada con engaños, mentiras, fraudes y un sinnúmero de presuntos delitos que hoy tienen a la mano derecha del alcalde contra la pared manifestando que si pasó algo, todo se hizo a sus espaldas.
La asesora de confianza del mandatario no se percató en ningún momento que en su hoja de vida le colocaron una experiencia laboral espuria al igual que muchos de los datos que debía presentar cuando le exigieron el curriculum. Así las cosas, han podido posiblemente hasta colocarle otro nombre y, muy seguramente, otra persona sería quien a estas alturas estaría ganándose la millonaria Ops; pero afortunadamente ella estaba muy al tanto de que dijera claramente Cynthia Pérez Amador en donde se registra el nombre. En lo demás, asegura ella, parece haber sido víctima de un engaño del que ella aún no entiende qué pudo haber ocurrido.
Sucede en Cartagena ahora mismo lo que vulgarmente conocemos como la “cara dura”. Ese personaje que miente y sigue como si nada caminando por los pasillos del Palacio de La Aduana. Anteponen siempre una serie de argumentos para justificar una causa desvergonzada y delincuencial. Es el caso de la primera Dama del Distrito a quien se le han descubierto una serie de entuertos para tener un contrato que sobrepasa lo estipulado por la ley, acudiendo a falsos certificados, documentos manipulados y lo que es peor el alcalde justifica este tipo de acciones manifestando que es una persecución porque es una persona humilde.
Cuánta desfachatez y falta de vergüenza por parte de este alcalde que enarboló las banderas de la anticorrupción pero que está haciendo lo mismo que tanto condenó en su campaña. Y no es porque se trate de una negra grande y humilde, como usted lo ha dicho señor alcalde, para nada. Las cosas debemos llamarlas por su nombre, claro y pelado, como se debe hacer. No buscando salidas rápidas a un problema de corrupción que se está enquistando en la alcaldía anticorruptiva.
El cinismo es el término que resume todo este comportamiento. Hace referencia entonces a la impudencia, a la obscenidad descarada y la falta de vergüenza a la hora de mentir o defender acciones que son reprochables y condenables. Hoy estamos ante un par de personas que son capaces de seguir caminando entre el engaño y las mentiras y le hacen creer al pueblo que todo está debidamente sustentado y justificado, o en el peor de los casos que es una persecución a una humilde mujer. Urge cuanto antes una respuesta por parte de los entes de control para que acabe con esta farsa que han querido montar y que se le ponga punto final al novelón en el que se ha convertido la contratación de Cynthia Pérez Amador.

