Por Danilo Contreras
Nuestra historia, que es casi leyenda, da cuenta de una ciudad amurallada y salitrosa desprovista de casi todos los recursos naturales que permitían la vida humana, entre ellos el agua. En su permanente lucha contra los elementos los cartageneros se empeñaron en la construcción de un acueducto que calmara la sed de los habitantes de esta urbe marinera.
El primero de ellos “entró en funcionamiento a comienzos de 1.907, cuyo abastecimiento dependía de los arroyos Matute, Colón o Torrecilla”, en territorio de lo que hoy constituye el municipio de Turbaco. La naturaleza cristalina y pura de las aguas de estas corrientes también hacen parte de las leyendas de la región.
No exagero al decir que un cordón umbilical liga desde aquellas brumosas épocas a Cartagena y Turbaco. Mi propia abuela Miguelina migró en las primeras décadas del siglo XX hacia Cartagena.
Ese vinculo también me lo ilustró bien un profesor de derecho civil que, en los albores de mi carrera en la Universidad de Cartagena, Carlos Güete, decía, antes de entrar en materia jurídica, que cuando venia temprano de su residencia ubicada en las alturas de Turbaco hacia el claustro de San Agustín, se sentía discurrir por un túnel verde, fascinado por el bosque seco tropical que era límite natural entre las dos ciudades.
Todas esas alegorías del profe Güete, ya desaparecido según entiendo, van siendo pasado por cuenta de la mano depredadora y ambiciosa del hombre. El bosque seco entre Cartagena y Turbaco va siendo un recuerdo.
La propia edificación de la Gobernación de Bolívar en zona de diapirismo, vale decir, en terrenos que geológicamente no son propicios para construir, resulta ser una decisión errónea que genera dinámicas de urbanización que contribuyen a la depredación del bosque seco que imperaba entre Cartagena y Turbaco. Como ciudadano no arriesgaría invertir en vivienda en esa zona. El caso de El Rodeo en donde las casas se “rajan” por la inconsistencia del suelo, es un mal precedente. Sin embargo, ya se construyen edificios de habitación en esa zona para cazar incautos.
Muchas son las quejas sobre la manera desordenada en que se adelanta la urbanización de la franja limítrofe de Cartagena y Turbaco, que sella con concreto las corrientes de aguas cristalinas que antes surtieron del preciado líquido a Cartagena.
Álvaro González, especialista en hidráulica e hidrología, en artículo de 2021 señaló: “Apenas se aumente la cobertura de los servicios públicos en Turbaco, tendrá lugar un crecimiento en los proyectos urbanísticos que alterarán ecosistemas y el régimen hidráulico de la cuenca si no se hace la debida planeación”. Y agrega: “la impermeabilización del suelo debido a los proyectos urbanísticos hace que se produzca más escorrentía que viaja más rápidamente aguas abajo de la cuenca…”.
La misma nota del ingeniero González determina que “tener más superficies duras dentro de una cuenca puede detonar un aumento en las inundaciones provenientes de lluvias que antes no las causaban. El problema se hace mucho peor si a esto se le suma una pobre planeación urbana en donde se ocupen las zonas naturales de inundación del arroyo y el aumento del nivel de mar (y con ellos el nivel de ciénega)”.
Pese a estas consideraciones técnicas, la secretaria de planeación de Turbaco es una agencia de expedición desordena de permisos de construcción que permite urbanizar sin que existan acueducto o alcantarillado en la zona de colindancia entre Cartagena y Turbaco, habilitando plantas de tratamiento de aguas residuales que contaminan fuentes acuíferas y áreas ambientales estratégicas, sin control alguno, pero que seguramente rinden beneficios a urbanizadores y funcionarios venales.
En Cartagena y Turbaco se sabe que la vigilancia ambiental que debe ejercer Cardique se encuentra secuestrada y que la alcaldía de Turbaco carece de capacidad institucional para poner orden.
De su parte el Distrito de Cartagena y sus sucesivos alcaldes han sido incapaces de liderar un proceso de Área Metropolitana que nos permita armonizar el crecimiento de ambas ciudades.
Entonces, Turbaco depreda su gran patrimonio ecológico representado por sus recursos hídricos y su bosque seco, mientras Cartagena padece las inundaciones que atienden al sellamiento de la cuenca alta de la Ciénega de la Virgen, ubicada en Turbaco. Una especie de suicidio ambiental de las ciudades vecinas para favorecer la codicia de unos pocos conocidos.
Curiosamente, el proyecto de Protección Costera que ha sido cuestionado técnicamente y que en los últimos días ha demostrado sus deficiencias constructivas con la rotura de un dique que inundó la avenida primera de Bocagrande, esta siendo construido con roca coralina de las explotaciones irracionales de canteras en Turbaco que han diezmado colinas enteras en donde el bosque seco florecía.
Es claro que desde la institucionalidad oficial se potencia la destrucción ecosistémica de ambas ciudades cuyo diálogo esta ausente, pese a que es absolutamente necesario.
El área metropolitana puede constituirse en una instancia institucional que corrija las graves negligencias en que han incurrido Cardique, EPA, Distrito de Cartagena y secretaria de Planeación de la Alcaldía de Turbaco.
Los gobiernos que se elegirán en 2023 tienen que tomar cartas en el asunto.
En buena hora el Consejo Territorial de Planeación de Turbaco, liderado por el profesor Manuel Batista, convoca para el día 1 de diciembre de los corrientes al Foro “Usos del suelo en Municipio de Turbaco”, desde las 8 am, en el Centro de Eventos, sala siete, Avenida Pastrana (Cra. 15, 23-81). Vale la pena asistir.

