Cartagena acaba de vivir una de las celebraciones más memorables de su historia reciente. Las Fiestas de Independencia, que durante décadas han sido símbolo de identidad, resistencia y alegría popular, volvieron con fuerza, planificación y una participación ciudadana que superó todas las expectativas.
Fueron cinco días de programación intensa, diversa y cuidadosamente diseñada. Más de 300 mil personas se movilizaron por los distintos escenarios, disfrutando de actividades culturales, musicales, artísticas y comunitarias que reflejaron lo mejor del talento local, nacional e internacional. Cada evento fue ejecutado con precisión, cumpliendo horarios, protocolos y estándares de calidad que hablan de una gerencia pública comprometida y eficaz.
La ciudad entera se volcó a las calles, no solo para celebrar, sino para reencontrarse con su historia. La logística, la seguridad y los servicios estuvieron a la altura del desafío. Según los indicadores recogidos, más del 94% de los asistentes calificaron estas fiestas como las mejores de la historia reciente. Y desde todos los rincones del país —e incluso del extranjero— llegaron mensajes de felicitación que confirman lo evidente: Cartagena brilló.
Este éxito no es casual. Es el resultado de un trabajo en equipo, de una planificación al detalle y de una voluntad política que entendió que las fiestas no son solo entretenimiento, sino una expresión viva de nuestra identidad. El alcalde y su equipo tienen razones para sentirse orgullosos: lograron que la ciudad volviera a decir, con convicción y alegría, que las fiestas regresaron… y mejores que nunca.

