Cartagena llegará al 31 de diciembre con una marca indeleble: el 50% del actual gobierno ha sido ejecutado. No es solo una cifra, es el cierre de un ciclo de entrada y el inicio de una etapa decisiva. Desde el 1 de enero de 2026, comienza la cuenta regresiva, pero también la consolidación.
Este gobierno nació con legitimidad, con un programa construido a muchas manos y respaldado por una votación contundente. No fue improvisación: fue planificación, fue visión, fue compromiso. El plan de desarrollo que lo sustenta no solo es ambicioso, sino ejecutable, con financiación clara y metas concretas.
Las obras hablan. La educación, la salud, la movilidad, la seguridad… cada avance ha sido una respuesta directa a las necesidades históricas de la ciudad. Pero más allá del cemento y los indicadores, hay algo que ha cambiado profundamente: la relación entre gobierno y ciudadanía.
Hoy, los cartageneros saben que sus impuestos se ven. Que cada obra entregada es fruto de su aporte. Que exigir es legítimo, porque el gobierno ha demostrado que responder también lo es. Se ha sembrado confianza, y con ella, una nueva cultura ciudadana.
La mitad del camino no es un punto neutro. Es una oportunidad para reafirmar el rumbo, corregir lo que falta y acelerar lo que viene. Cartagena no está en pausa. Está en marcha. Y lo que sigue, depende de todos.

