Durante años Cartagena fue una ciudad sin parques. Los espacios para la recreación y el encuentro fueron devorados por el abandono, la indiferencia y el cemento. Las plazas se apagaron, los columpios se oxidaron, y los árboles dejaron de ser refugio para convertirse en obstáculos del “progreso”. Los centros comerciales, sin proponérselo, se volvieron los nuevos escenarios de encuentros de los cartageneros y remplazaron entonces las plazas y los parques.
Fueron los años en los que los parques se veían con nostalgia y dolor. Se recordaban como espacios o lugares que, en algún momento de la historia, fueron puestos al servicio de una comunidad que nunca se apropió de ellos y, poco o nada, le interesó. A la ciudad no le dolía porque el desdén y el menosprecio comenzaron a hacer parte de un día a día que terminó por contagiar a todos por igual.
Hoy, esa historia comienza a cambiar. La administración distrital en cabeza del alcalde Dumek Turbay le apuesta con decisión a la recuperación de estos espacios como puntos de encuentro, integración y orgullo ciudadano. Cada parque rehabilitado, cada plaza iluminada, es una señal de que Cartagena se reconcilia consigo misma.
Pero esta transformación no puede depender solo de la obra física. Es necesario que las comunidades se apropien de estos escenarios, los vivan, los cuiden, los defiendan. La creación de una entidad que garantice su mantenimiento será clave para que lo recuperado no vuelva a perderse. Un nuevo ambiente se respira en Cartagena y sus parques y plazas comienzan a recuperar ese ‘brillo y esplendor’ que habían perdido años atrás.
El mayor agradecimiento que puede recibir la administración distrital tras estos esfuerzos no se mide en cifras ni en inauguraciones. Se mide en pasos, en risas, en encuentros. Se mide en los cientos de hogares cartageneros que hoy se vuelcan a los parques recuperados, que los habitarán, los cuidarán, los harán suyos. Porque más allá de la obra, lo que se construye es ciudadanía.
Y cuando el espacio público florece, florece también el orgullo de pertenecer, de convivir, de creer en una ciudad que se transforma desde lo colectivo. Que esta cruzada por los parques no sea solo una etapa de gobierno, sino una cultura compartida.

