Por: Danilo Contreras

Hace unos días el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, realizó una dramática declaración que no ha sido suficientemente atendida por la opinión: “Hemos pasado de la era del cambio climático a la era de la ebullición climática”, sostuvo.

En Cartagena, cada día, sentimos patéticamente la realidad de esa sentencia pues la agresividad de las temperaturas alcanzan límites insoportables en calles, aceras y espacios abiertos.

No hay duda que vivimos una emergencia climática, pero aún los líderes y la ciudadanía no asumen responsabilidades sobre este problema crucial que amenaza la vida de quienes vivimos en el presente, y de las generaciones futuras. Por el contrario, la irresponsabilidad, la mentira, el egoísmo y la mediocridad usadas para mantener los privilegios y las ganancias que ofrece la contratación pública configuran las respuestas de los gobernantes, la academia y la dirigencia política, económica y social de la ciudad y la región.

Así las cosas, en plena campaña electoral que coincide con la discusión del POT, que es la herramienta normativa fundamental para plantear un modelo de ocupación del suelo que nos permita determinar los derroteros para enfrentar la emergencia climática, nos corresponde decirnos muchas verdades, dejar atrás la mediocridad y el egoísmo que privilegia intereses particulares, para asumir como colectividad el reto que los tiempo nos imponen. Un desafío qué ninguna otra generación ha enfrentado jamás: La de preservar nuestra existencia como especie y de la ciudad como la hemos conocido.

Que modelo o ideal de ciudad es la que nos propone el POT en trámite o los dirigentes en trance electoral? Que obras, políticas y acciones constituyen las prioridades que nos plantean los líderes de gobierno que están a punto de finalizar su período y l@s candidat@s que aspiran a ocupar el Palacio de la Aduana y la gobernación de Bolívar?

Son preguntas pendientes de respuestas mientras que a la fecha el debate de las ideas ocupa un segundo plano en la campaña electoral.

En cambio de soluciones, las noticias dan cuenta de un POT supuestamente plagiado cuya elaboración ha costado millones, especialmente en contratación de “expertos” que no viven ni conocen la ciudad y que rinden sus conceptos a través de medios virtuales; por otro lado la principal inversión que hace la ciudad para adaptarse a fenómenos de elevación de mareas vinculados al cambio climático, como el Proyecto de Protección Costera, es un fracaso rotundo sobre el cual nadie se atreve a decir la verdad que consiste en señalar que desde su diseño es un verdadero fiasco, al tiempo que personajes públicos hablan del Plan Maestro de Drenajes Pluviales sin señalar que a la fecha hemos tirado a la basura ingentes recursos presupuestales, nuevamente, en diseños que bien podríamos desechar conforme lo han denunciado de forma documentada expertos como el ingeniero Álvaro González, que más parece un profeta predicando en el desierto, ante la evidencia de que las modelaciones y metodologías utilizadas para los referidos estudios, son obsoletas.

La cuestión se agrava al constatar que ni Edurbe, ni Valorización, ni mucho menos la secretaria de Infraestructura Distrital, tienen la capacidad institucional para adelantar obras de la importancia de las mencionadas y otras que requiere la ciudad para su adaptación climática.

La ciudad y sus gentes deben consignar en el POT y en el Plan de Desarrollo del gobierno que elegiremos en octubre, una nueva manera de relacionarnos con la naturaleza, con el agua, con los árboles, con la biodiversidad, con nuestros humedales; pero también debemos decidir si nuestra manera de movilizarnos seguirá privilegiando el vehículo particular y en consecuencia el pavimento, en vez de la promoción de recorridos que nos permitan llegar a destinos cercanos a pie, en bicicleta o en transporte público terrestre o acuático movido por energías limpias, en lo que urbanistas de reconocimiento mundial denominan “ciudades de 15 minutos”, como lo hacen París, Barcelona o Copenhague.

Hay un compromiso irrenunciable con nuestr@s hij@s y niet@s que debemos cumplir ahora.

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