Muy preocupados se encuentran los gremios de la ciudad de Cartagena, la comunidad en general, y todo el sector productivo porque la ciudad no avanza en materia de infraestructura, y lo que hay actualmente es un desorden total en la ciudad, con una malla vial destruida, con la movilidad completamente sin intervención y sin un norte especifico para que la ciudad tome el respectivo nivel administrativo que merece.

Las palabras del Dr. Eduardo Meisel Roca, fueron contundentes: “Cartagena es un desastre social”, en el reciente foro realizado en la ciudad de Barranquilla. Tenemos el rotulo de ser una ciudad desordenada, y sin ninguna orientación desde el punto de vista administrativo, con un alcalde mediocre que solo polariza y y se enfrasca en peleas con sus aliados, para que la ciudad pueda avanzar de manera dinámica en su economía.

La administración Distrital se ha rajado en todos los indicadores de la función pública, demostrando poca capacidad de gestión, liderazgo, y sobre todo generación de ideas proactivas para el desarrollo de nuevas alternativas en medio de esta crisis económica por el COVID19. El gremio del turismo, el cual representa un porcentaje importante de la economía de la ciudad, junto con la JAC del Centro Histórico, muestra su decepción con la administración presentando tutelas para acabar con la proliferación de la prostitución, el microtráfico, y las diferentes formas que están acabando con un verdadero turismo sostenible y representativo para la ciudad de Cartagena.

Las últimas cifras del DANE son contundentes, presentando a la ciudad como la de mayor crecimiento en su INFORMALIDAD, lo que trae mas desorden, inseguridad, con lo cual el nivel de competitividad, decae de manera alarmante. La informalidad no es reactivación económica, es la reacción del desempleado por tratar de sobrevivir ante la crisis. Además de esto el DANE también presenta a la ciudad donde el 72% de las familias de la ciudad solo tienen dos comidas diarias, aumentando la cifra de las que solo tienen una comida o menos al 27%. Un panorama aterrador, que es caldo de cultivo para el microtráfico, delincuencia común y toda clase de delitos.

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