Gobernar con el chisme y el rumor permite mantener a una parte del pueblo cautiva porque estará expectante para que se le dé gusto y se le diga lo que quiere escuchar. Es el caso del mandatario de los cartageneros William Dau Chamat quien más que gobernar se ha dedicado a generar chismes y rumores en medio de un vecindario que vive con la crítica situación de la pandemia pero que lo aplaude incansablemente dejando a un lado los problemas y restándole importancia a las obras porque simplemente él me dice lo que quiero oír.
Alcalde, el chisme en este caso particular, le ha servido a usted como el Pungi que es aquel instrumento o flauta con la que el hindú mantiene encantada una culebra cobra que sale de su cesta porque la melodía le agrada y danza al ritmo de la misma. Se imagina usted el día que a la culebra le deje de gustar la melodía o el chisme que le están contando porque ya está cansada de lo mismo.
El mismo discurso barato pendenciero de culpar a los demás de su mediocridad e incapacidad para cumplirle al pueblo que lo eligió. La misma culebra lo va a morder alcalde y hasta su mismo grupo se va cansar de ver lo incapaz que ha sido usted para gobernar.
Para la muestra algunos botones: lo que ha ocurrido con los peajes; los sobrecostos en la compra de elementos de bioseguridad – Que según usted son una primiparada y hay que entenderlo -; y recientemente lo ocurrido en la ESE Cartagena de Indias.
Se queda el pueblo y hasta sus bodegas sin palabras para justificar tales actos porque, tal vez, necesitan conocer lo que hacen otros para juzgar y señalar porque se niegan a ver la viga en su propio ojo.
¿Nos aguardarán tres años y medio más de chismes y rumores, en una ciudad que tiene todo por hacer con grandes proyectos y objetivos por conseguir? Los cartageneros eligieron el bochinche en lugar de las obras; el chisme en lugar de la gestión; el ‘lleva y trae’ en lugar de concretar un norte. Pues bien, Winston Churchill decía que ´Cada pueblo tiene a los gobernantes que se merece´ y la ciudad puede exigir un alto y rehacer el camino o seguir construyendo odio, chisme y desunión.

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