A través de las redes los cartageneros fuimos testigos de un concejal que abraza la ilegalidad y la defiende con postulados y argumentos que pretenden controvertir la norma y la ley.
Preocupa, eso sí, que un escenario como este donde el cabildante aprovecha una posición de privilegio para brindar total respaldo a la ilegalidad, abraza a Rosmery Medrano y esta se sienta protegida y amparada por él.
Pueda ser y esto no se convierta en un futuro en la excusa perfecta para que otros invasores de espacio público saquen como patente que son amigos, por ejemplo, de un concejal y que gracias a su respaldo se puedan ver beneficiados para poder invadirlo sin inconveniente alguno. O peor aún, victimizar la ilegalidad y seguir pensando que la autoridad en la ciudad se la pueden pasar por la faja.
El caso de Rosmery ha sido un claro ejemplo de lo que no se puede seguir haciendo en la ciudad. Se requiere de una mano dura que ponga en marcha las acciones para no dejar como un payaso a las autoridades del Distrito, toda vez que cuando estas quieran actuar, buscan hasta en los medios de comunicación el eco para que la ilegalidad siga haciendo carrera en Cartagena.
No podemos seguir abrazando la ilegalidad con discursos que victimizan o que reivindiquen estas acciones. La sociedad no puede hacer de la costumbre la ley y de la ilegalidad la constante que nos rija. Es necesario que todos juntos en la ciudad remen para un mismo lado para que a la ciudad se le devuelva el brillo y esplendor que tanto se necesita en este momento.
Vale la pena recordar que el artículo 140 del Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana (Ley 1801 de 2016) prohíbe la ocupación del espacio público sin autorización, estableciendo que es competencia de la autoridad de policía prevenir, intervenir y sancionar estas conductas. El numeral 4 del mismo artículo sanciona expresamente: “Ocupar el espacio público en violación de las normas vigentes”, con medida correctiva de decomiso y multa.
Si la norma legal es ignorada lo más seguro es que impere la ley del más fuerte y, por ende, aparezca la inseguridad y desorden. El reto sigue siendo superar aquella etapa en la que quedó postrada la ciudad desde la anterior administración y pensar que los mejores tiempos para Cartagena están por venir pero marcados por el orden y la sensatez.
Es necesario que pasemos la página y que se piense en la ciudad porque lo que se observa es ese peligroso afán de protagonismos y de discursos populistas que no le hacen bien a Cartagena y, por el contrario, la van a seguir estancando y postrando en la desidia y el abandono. La tarea se cumple y los cartageneros aplauden lo que se está haciendo, lo respaldan y señalan que se debe seguir así.
El norte no se puede perder y abrazar la ilegalidad no es una alternativa.

