Un medio escrito de la ciudad se pronunciaba, con sobrada razón, sobre la necesidad del respeto al espacio acústico de los demás, como una condición sine qua non, para “construir tejido social y proteger la integridad física y cultural de la ciudad”.
Es una de las viejas luchas de la heroica, en la que solo se les olvidó, quizá lo más impactante, aberrante y preocupante: la tragedia que viven cerca de cien mil habitantes de los barrios aledaños al aeropuerto Rafael Núñez, quienes soportan los trescientos sesenta y cinco días del año, durante las veinticuatro horas del día, los casi cien decibeles continuos, que genera el tráfico de cerca de ochenta aviones a reacción que se mueven por el aeropuerto.
Y causa extrañeza este monumental olvido, porque es precisamente en estos momentos cuando este tema más debería estar presente en la ciudad, ya que, desde hace año y medio, se viene discutiendo la ampliación del aeropuerto y aún no se dispone de una licencia ambiental, que determine como se van a corregir todas las falencias del incumplimiento de la licencia de 1996, la cual, a pesar de haber sido condenada en acción popular, se sigue usando, supuestamente para obras menores.
Todos recordamos que, en 1996, en la anterior ampliación, se emitió una licencia ambiental, condicionada a que se generaran procesos de mitigación del ruido, mientras que en un plazo prudente se decidía el traslado del aeropuerto. Ni lo uno ni lo otro se realizó, por lo que los vecinos demandaron en acción popular el incumplimiento, demanda que fue fallada a favor de los afectados, aunque, claro está, tampoco se hizo nada. Hoy no solo no se han corregido los incumplimientos de la demandada licencia, sino que se sigue usando para llevar a cabo una ampliación, que duplicará el número de vuelos y por ende duplicará el padecimiento de los habitantes del malogrado sector.
Parece no saber el conocido medio local que, para el próximo mes de noviembre están citadas una reunión preparatoria y una audiencia pública, para que las autoridades ambientales consulten con los residentes del sector, acerca de sus planteamientos, quejas y recomendaciones, con miras a conceder la nueva licencia ambiental, para realizar los trabajos mayores requeridos para la cuestionada ampliación.
Tampoco conoce dicho medio, que hay varias asociaciones preparadas para rechazar los trabajos de ampliación, debido a que el actual aeropuerto no cumple importantes parámetros en cuanto a ruido, calidad del aire, distancia a zonas residenciales, manejo de combustibles y afectaciones a la vida diaria y la salud, que las vibraciones y las ondas sonoras producen a los vecinos. Igualmente, nunca se ha dado importancia al fenómeno de migración forzada, a que son sometidas las aves de la ciénaga de la virgen, que pueden afectar la seguridad aérea.
Teniendo en cuenta que, una solución definitiva de traslado sería difícil, y la ampliación es necesaria para la ciudad, algunos vecinos consideran que la única opción viable, sería la de comprar todo el paquete de residencias que actualmente, se encuentra en zona de incumplimiento de estándares.
