La ampliación del aeropuerto Rafael Núñez vuelve a ser noticia. Se vienen dos espacios: uno informativo, el próximo 3 de noviembre y el otro, la audiencia Pública Ambiental el 30 de noviembre.
Ambas jornadas serán a partir de las 8:30 de la mañana, en el salón Gran Kalamary del Hotel Corales de Indias, ubicado en la Carrera 1 # 62-13 Cartagena. Estas actividades están siendo convocadas por la ANLA y OINAC, en la que los vecinos del barrio Crespo muy seguramente tendrán un espacio asegurado para participar. La expectativa es que sus voces y observaciones no solo ocupen sillas en el recinto, sino que sean escuchadas y consideradas en el proceso de decisión sobre el futuro de la terminal aérea.
Durante los últimos meses, las comunidades han manifestado inquietudes sobre el impacto ambiental y social de la modernización: el ruido constante, la presión sobre la Ciénaga de la Virgen, la movilidad en el barrio y la incertidumbre sobre la reubicación de algunas actividades propias de la terminal aérea que ponen en riesgo la convivencia ciudadana. Estos temas no son menores; son la cotidianidad de quienes conviven con el aeropuerto y sienten que las decisiones se toman desde arriba, sin suficiente diálogo real.
Tanto la reunión informativa como la audiencia representan una oportunidad para que la ciudadanía exponga sus preocupaciones, pero también un reto para las autoridades y la concesión: demostrar que la participación no es un requisito burocrático, sino un ejercicio genuino de construcción colectiva.
Cartagena necesita un aeropuerto moderno, sí, pero también requiere que ese progreso no se levante sobre la desconfianza ni el desconocimiento de quienes habitan su entorno. La modernización debe ser un proyecto compartido, donde las comunidades encuentren garantías de respeto a sus derechos y al medio ambiente.
En definitiva, lo que está en juego no es solo una licencia ambiental, sino la credibilidad de un modelo de desarrollo que promete bienestar colectivo. Los vecinos esperan que esta vez sus palabras no se pierdan en el aire, sino que se conviertan en parte de las decisiones que marcarán el futuro de la ciudad.
La discusión sobre la ampliación del aeropuerto no es nueva. En los últimos meses, líderes comunitarios, ambientalistas y vecinos han advertido que las obras no pueden seguir avanzando sin un verdadero proceso de concertación. La presión sobre la Ciénaga de la Virgen, la contaminación acústica y el riesgo de saturación vial en barrios residenciales son preocupaciones que se han repetido una y otra vez, pero que aún no encuentran respuestas claras por parte de las autoridades.
Además, la ciudadanía reclama que las audiencias no se conviertan en un simple requisito legal, sino en un espacio vinculante donde las observaciones tengan peso real en la toma de decisiones. La confianza en las instituciones depende de que las comunidades vean reflejadas sus propuestas y que los compromisos adquiridos se cumplan en la práctica, más allá de los discursos.
La modernización del Rafael Núñez es indispensable para Cartagena, pero no puede ser la única apuesta. La ciudad requiere un aeropuerto capaz de responder a su creciente dinámica turística y económica, y por eso el proyecto de una nueva terminal en la zona norte aparece como una necesidad estratégica de largo plazo.
El reto está en que ambos procesos —la ampliación del actual Rafael Núñez y la futura Ciudadela Aeroportuaria en Bayunca— se desarrollen con transparencia y participación real. Solo así Cartagena podrá contar con una infraestructura aérea moderna, sostenible y concertada, que no ignore a sus comunidades y que se convierta en motor de desarrollo para toda la región.
