La ciudad se prepara para las tradicionales Fiestas de Noviembre, pero una sombra amenaza la tranquilidad: los atracos en manada. Jóvenes que se camuflan como mototaxistas han convertido las calles en escenarios de película, donde varias motocicletas rodean a una víctima para despojarla de todo lo que lleva. Este fenómeno no solo golpea la seguridad ciudadana, también pone en riesgo la reputación de los mototaxistas que trabajan de manera honesta en el transporte informal, pues terminan “pagando pato” por la acción de unos desadaptados.
La respuesta del alcalde, al ofrecer recompensa por información que conduzca a la captura de estas personas, es un paso firme que envía un mensaje claro: Cartagena no será territorio de la impunidad. Estos hechos no son travesuras de esquina, son actos organizados que rayan en terrorismo urbano y concierto para delinquir, porque afectan la imagen de la ciudad y el esfuerzo colectivo por recuperar la confianza y la paz.
Como cartageneros, debemos exigir que la justicia actúe con contundencia. Estos individuos deben ir a la cárcel. Es urgente incrementar las cámaras de seguridad, reforzar los patrullajes en los puntos críticos y garantizar que la ciudadanía pueda disfrutar de sus barrios sin zozobra. Solo así se devolverá la tranquilidad y se evitará que el miedo empañe las celebraciones que hacen parte de nuestra identidad cultural.

Cartagena merece vivir sus fiestas con alegría, no con temor. La seguridad no es un lujo, es un derecho que debemos defender con firmeza. Además, no se puede perder de vista que este tipo de delitos colectivos generan un efecto multiplicador en la percepción de inseguridad. Cada atraco en manada no solo afecta a la víctima directa, sino que siembra el miedo en toda la comunidad, deteriora la confianza en las instituciones y golpea la economía local, pues comerciantes y visitantes se retraen ante la posibilidad de ser blanco de estas bandas. Cartagena, que vive del turismo y de la actividad cultural, no puede permitirse que la violencia organizada empañe su imagen en vísperas de las fiestas más importantes del año.
Por ello, la estrategia debe ser integral: sanción ejemplar para los responsables, pero también prevención y control permanente. La articulación entre Policía, Fiscalía y comunidad es indispensable para cerrarles el paso a estos grupos. Con más cámaras, patrullajes focalizados y campañas de denuncia ciudadana, se puede construir un cerco que impida que los delincuentes sigan operando con impunidad. La ciudad necesita recuperar la confianza y demostrar que la alegría de noviembre se celebra con seguridad, orden y respeto por la vida.
Cartagena no puede permitir que la delincuencia organizada se adueñe de sus calles ni que el miedo se convierta en el protagonista de las fiestas de noviembre. La ciudad necesita demostrar que la cultura, la tradición y la alegría están por encima de la intimidación de unos pocos. Con autoridad firme, justicia efectiva y participación ciudadana, se logrará que la capital de Bolívar recupere la confianza y se reafirme como un territorio de convivencia y seguridad. Solo así se garantizará que las celebraciones sean un verdadero reflejo del espíritu cartagenero: libre, festivo y resiliente.
