Adlay Stevenson, el candidato demócrata que en dos ocasiones fue derrotado por el republicano Dwight Eisenhower, un poco reflexivo y aburrido, comentó en una reunión de amigos que fueron a darle refuerzo positivo que: “cuando era niño me dijeron que cualquiera podría ser presidente de Estados Unidos, hoy estoy seguro”.
No sabemos si lo dijo por desacreditar al ganador, criticar el sistema o simplemente resultado de una botada de chupo, por la ardidera de la doble derrota. Eso sí, hay que admitir que dijo una gran verdad y los colombianos y los cartageneros, quizá tenemos alguna experiencia que confirman su apreciación.
En primer lugar, si nos referimos a requisitos, para ser presidente en Colombia, solo se necesita ser colombiano por nacimiento, ser ciudadano en ejercicio y tener más de 30 años. Es decir, sin muchas generalizaciones, podemos afirmar que, efectivamente, cualquiera puede ser presidente en Colombia. En cuanto a requisitos para ser alcalde, tan solo se necesita ser ciudadano colombiano en ejercicio y residente del municipio al que aspira ser alcalde, en el año anterior, o tres años en cualquier tiempo. Como quien dice, igualmente cualquiera pudiera llegar a la alcaldía.
Así que, probablemente, Adlay Stevenson tenía otra idea del término “cualquiera”, cuando lanzó su lapidaria expresión. De hecho, esa otra idea de Adlay es la que tenemos todos en la cabeza cuando nos referimos a que “cualquiera” puede ser alcalde, es decir, una persona sin formación en temas de gestión pública, de gerencia de talento humano, de análisis financiero y ni siquiera de planeación, puede por circunstancias ajenas a la formación, en cualquier momento llegar a ser alcalde, mediante la utilización de otro tipo de estrategias.
Quizá en la época de Adlay los métodos para lograr el respaldo popular mediante el voto, se limitaban a reuniones, discursos, afiches y pancartas. Hoy las estrategias de Marketing Político, el uso extensivo y sistemático de las redes sociales, los masivos mensajes digitales y la utilización de grandes capitales y estructuras de captura de votantes, hacen posible que efectivamente cualquiera pueda ser alcalde y los ejemplos abundan.
Si bien Adlay Stevenson se percató de esta anomalía de cualquieras llegando al poder, es obvio y válido que los habitantes de esta ciudad se preocupen, por qué uno de esos cualquiera, vuelva a llegar a la alcaldía de Cartagena. Las experiencias con estos personajes fueron funestas y causaron tantos estragos, destrucción y abandono que se necesitarán al menos tres períodos de muy buenos y no cualquier alcalde, para que con una eficacia como la del actual, logren contener el proceso de deterioro y recuperar y transformar a la Heroica en la superciudad moderna y desarrollada que todos queremos.
