Procusto era un mesonero bandido que vivía cerca de Atenas y que, según las malas lenguas, era hijo de Poseidón. Se las daba de buena gente y ofrecía posada a los pobres viajeros, hambrientos y cansados y, a la hora de dormir los llevaba a su famosa cama de hierro, de longitud ajustable.
Cuando el viajero llegaba a la cama, ya Procusto le había calculado la altura, de forma tal que, si era muy alto, recortaba la longitud de la cama, para que las piernas sobresalieran y luego se las cortaba hasta ajustarle la talla, a la longitud de la cama. Si la altura del viajero era menor que la longitud de la cama, entonces lo sometía a estiramiento de los miembros inferiores, hasta que finalmente lo hacía coincidir con la longitud de la cama. Era toda una joya el desgraciado.
Las actividades de Procusto, probablemente, hubieran quedado en el olvido, si no es porque algunos estudiosos del comportamiento humano, comenzaron a descubrir conductas que, en el contenido, se asemejaban mucho a la forma de pensar de Procusto, que no era otra que la de sentir rechazo por todas las personas con características diferentes a las suyas.
La sicología moderna ha profundizado en el tema y llegado a definir patrones que ha ubicado bajo el concepto de síndrome, con comportamientos y características muy similares en quienes los padecen: son personajes que intentan eclipsar a quien sobresale, critican a quien destaca por alguna capacidad, logro o popularidad, buscando su descrédito, su desprestigio y el rechazo de los demás. En igual forma, tienden a apropiarse de ideas de otros y se convierten en grandes propagadores de información falsa, en su afán de acabar a quien el rechaza.
El elemento central de este síndrome es la envidia y lo padecen, generalmente, personas con problemas de inseguridad y amor propio. Sus temores nacen de un sentimiento de inferioridad, marcado por actitud defensiva, miedo al cambio y actitud dominante. Estas personas se creen poseedores de la verdad, manipulan los hechos a su favor y juzgan categóricamente y sin apelaciones, al objeto de su envidia y miedo. Son soberbios y cualquier detalle, por banal o insustancial, es bueno para dañar a quien menosprecian y, obviamente conseguir adeptos a su causa que es una de sus artimañas más usadas.
No es difícil detectar este tipo de personalidades en todos los entornos de la vida cotidiana. Es muy recomendable estar atentos a estos especímenes, mantener la calma, alejarlos, no dar crédito a sus opiniones, ni permitir que nos influyan. Procusto murió a manos del héroe Teseo, fundador de Atenas y destructor del Minotauro, quien le aplicó exactamente el mismo método, que el usaba con los pobres viajeros que atendía en su posada.
